COVID-19: ¿Cuáles son las acciones adelantadas por el Gobierno para enfrentar la pandemia?

hace 11 horas
Por: Luis Carvajal Basto

Aída: entre colegas

La captura de la exsenadora Aída Merlano es utilizada por la dictadura en Venezuela a conveniencia y pone sobre la mesa no la necesidad de establecer relaciones consulares, como propone Maduro, sino lo irracional de que dos pueblos hermanos, en realidad uno solo, no las tengan.

Pero quien terminó con un comercio ancestral, porque se le ocurrió en su momento, fue Chávez, y quien rompió relaciones, luego de expulsar y humillar a miles de colombianos pobres de la zona de frontera, fue Maduro. Colombia, aunque nos duela y cueste, no puede convertirse en títere de los caprichos o “necesidades” de una dictadura de la que ya han huido cinco millones de hermanos venezolanos que prefirieron irse de su país antes que padecerla.

La captura de Aída Merlano le sirvió al dictador para notificar que aún tiene el control de sus Fuerzas Armadas, que la estrategia (¿?) Trump-Bolton (quien ahora denuncia al presidente de los Estados Unidos) fracasó y que mientras esté en el poder tiene muchas maneras de interferir en la realidad de nuestro país. Pero su optimismo excede, otra vez, la realidad al pensar que la escasa credibilidad sobre lo que pueda decir una persona que evadió la justicia le alcanza para que dejemos de considerarlo, y tratarlo, como un dictador.

¿Y qué podrá “cantar”, o contar, la exparlamentaria que los colombianos no sepamos? Aparte de chismes y consejas, la corrupción electoral y sus conductas asociadas han sido estudiadas y publicadas (en Colombia ello es posible) en detalle desde diferentes perspectivas, como, por ejemplo, se puede observar en este juicioso trabajo de la Misión de Observación Electoral que midió y actualizó su magnitud (ver aquí).

Diosdado Cabello ya salió a decir que conversó con ella y amenazó, para comenzar, con que “les tiene cuentos a Duque y Uribe”. ¿Será eso una novedad o una carta para intentar legitimar a un régimen dictatorial? En Colombia a todo mundo “le tienen cuentos” o, en su defecto, se los crean: desde hace mucho presidiarios y delincuentes tratan de negociar sus penas o chantajear con argucias similares. ¿Será que no le han llegado noticias? Su afán de reconocimiento y legitimidad, en el fondo, es una muestra de la debilidad del régimen.

La historia de Aída Merlano ya era de película desde antes de su cinematográfica fuga, pero el capítulo que se está escribiendo desde Venezuela, luego de las declaraciones de Maduro, promete más de lo que ofrece el dictador: las autoridades colombianas, con su detención, pudieron comprobar maneras y detalles de la corrupción electoral en una región querida de nuestro país que, desafortunadamente, se extendió. Pero eso lo sabíamos desde hace mucho, a tal punto que condujeron a la detención de la exsenadora. ¿Cuánto conoceremos cuando se escriba el epílogo de la dictadura?

También sabemos que el dictador utilizará a la señora Merlano y cualquier pretexto para, a falta de logros reales, hacerse publicidad en su país e intentar perpetuarse en el poder, sueño fallido de todas las dictaduras que, tarde o temprano, encuentran un final. Más allá de eso, el episodio ha servido para recordar la inestabilidad que genera en la región el régimen que hoy impera en Venezuela y las dificultades de compartir una frontera tan extensa, lazos de sangre y hermandad, una economía, una cultura y una historia en común que, a pesar de 20 años de tiranía, sobrevivirán.

Por supuesto, necesitamos restablecer relaciones con Venezuela, recuperar los niveles de comercio de una economía integrada de manera natural, pero no con un gobierno que, como la señora Merlano y sus amigos, ha sido capaz de cualquier cosa para llegar y mantenerse en el poder.

@herejesyluis

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