Por: Cristo García Tapia

¡Ajá!, ¿y qué del Compromiso Caribe?

Ni lucha efectiva contra la corrupción, ni Fondo de Compensación Regional que dé en reducir la pobreza extrema e inequidad prevalecientes, ni fortalecimiento del aparato productivo en sectores competitivos para generar empleo de calidad se alcanzan a vislumbrar como logros concretos de la región Caribe diez años después de haber sido suscrito el compromiso que daría en su despertar, despegar y consolidación hacia destinos más promisorios.

De cuanto sí hay registros “positivos” en la década transcurrida es del cada vez más creciente incremento de la corrupción y del desmedro institucional en controlarla, combatirla eficazmente y en reducirla más allá de la verborrea publicitaria de las gabelas y “preacuerdos” de los órganos de control y la justicia.

Que en vez de premiar con penas irrisorias y la legalización con visos de inmunidad y patente de corso el despojo y apropiación de rentas y presupuestos públicos a sus beneficiarios, promotores y poderosos aliados en las diferentes estancias de la nomenklatura, cuanto se impone es castigarlos con penas severas, tanto punitivas como sociales privativas de derechos como el de elegir y ser elegidos, nombrar en cargos públicos, ostentar dignidades y representación oficial, expropiarlos y, por supuesto, imponerles puniciones económicas en cuantías superiores a lo despojado al Estado.

Algo que no demanda mayores esfuerzos ni legislación extraordinaria ni voto caribe ni RAP ni constituyente alguna, por decir lo más, y apenas sí un destello de voluntad política, un impulso de cambio irrefrenable, una visión providencial de nuestros gobernantes, de nuestra clase dirigente, de nuestros lideres en los diferentes sectores de la economía y el empresariado, los trabajadores, la política, la academia, la cultura, la opinión pública, los medios y canales de comunicación, capaz de alterar el statu quo de tan dañino hacer.

En suma, del decidido accionar de la sociedad caribe en su más genuina, colectiva, dinámica, convocante y legitima expresión y representatividad.

En su sentir más solidario e histórico en la búsqueda, sin pare y entre todos, del bien común, del bien hacer y del bien ser. Nada difícil ni de largo plazo.

Y si del Fondo de Compensación Regional, FCR, previsto en aquel documento decimos, aún estamos por comprobar que tanto sus presupuestos, planes y ejecutorias han contribuido a paliar y a equilibrar las lacerantes desigualdades e inequidades sociales, la pobreza extrema, la desnutrición, el analfabetismo, la mala calidad de la educación, la baja inversión en innovación y desarrollo tecnológico, el apoyo efectivo del sector financiero a la pequeña y mediana empresa, que atosigan este Caribe fragmentado en áreas continentales y una ínsula, San Andrés y Providencia, todo hecho añicos en una y otra de aquellas variables determinantes del desarrollo humano, de las necesidades básicas, de la calidad de vida, del aparato productivo, de sus habitantes.

En tanto los liderazgos regionales de uno y otro orden que tenían el imperativo de darle cuerpo al ideario plasmado en el Compromiso Caribe han patentado con su anomia y desinterés la decadencia y esterilidad que acusan, la voluntad mancomunada de quienes hace diez años alumbraron esa guía para la acción por un Caribe más incluyente, vuelven a invocar el sentimiento colectivo de sus pueblos para reivindicar su destino de grandeza y enfrentar colectivamente los males que lo agobian.  

No queda de otra.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

 

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