Al filo de la navaja

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Un ejemplo de cordura la marcha del jueves pasado en toda Colombia. Una minoría de vándalos espontáneos, o súbditos obedientes de células terroristas o gobiernistas, que parecieron ponerse de acuerdo para ir saliendo de sus escondrijos al mismo tiempo y en diferentes sitios de las ciudades-objetivo (personalmente, me inclino por la segunda hipótesis), no lograron su objetivo.

Colombia marchó con alegría, con pasión, con música, con pancartas variopintas, sin gritos populistas, con dignidad y con múltiples razones, todas con un común denominador: su descontento con el gobierno actual; con el desgobierno actual, debo decir.

No se trató de consignas para tumbar al jefe de Estado, sino una fuerte llamada de atención para que exista un jefe de Estado. Y creo honestamente que Iván Duque tiene la obligación, ante la patria, de cambiar su forma de no gobernar.

El mandatario en funciones tiene que bajarse de la nube en la que está. Tiene que entender que llegó a la Presidencia de carambola, simplemente porque su contendor en la segunda vuelta fue Gustavo Petro, y esa posibilidad hizo posible que llegara a la Casa de Nariño. De haber sido otro su contendor, otro gallo cantaría.

Duque tiene la obligación de escuchar este clamor. Tiene la obligación de salir del círculo vicioso, inepto y fundamentalista de sus áulicos y los que le hablan al oído. Tiene la obligación de apartarse de su padrino, tutor y jefe, Álvaro Uribe, y de sus fanáticos. Tiene que abrirse a la realidad colombiana. Ya perdió un año largo dejándose manipular y caminando a ciegas, sin brújula ni metas conocidas.

Su gabinete ministerial es un desastre. Hago excepción con el Ministerio de Salud. Parecen personajes de una mala zarzuela, que en este caso no es una zarzuela. Zongo le dio a Borondongo, Borondongo escupió a Bernabé... Mininterior le da a Minhacienda, Minjusticia no existe, Mintransporte totalmente incoherente, Mineducación es un paquete, Mincultura se disfrazó de naranja, y ni hablo del exmindefensa ni del actual... ni de Pachito y Blum, que empezó con el pie izquierdo.

Colombia ha dado un ejemplo de democracia. Y la marcha fue en serio. O Duque cambia el caminado, o el país no aguanta. Tiene que dejar el jueguito de caminar a ciegas por el filo de la navaja. Y no se trata de que seamos comunistas o castrochavistas... se trata de que Colombia necesita que empiece a gobernar.

La ciudadanía tiene que ser escuchada. Es un derecho absoluto de una democracia. Las Fuerzas Armadas tienen que ser respetadas y no ponerles unos ministros de cuarta categoría. Los embajadores tienen que ser dignos del cargo que representan, y ni Viviane Morales, ni Ordóñez nos representan, por nombrar algunos...

Duque no puede seguir manipulando a su antojo el proceso de paz ni dilatando el cumplimiento de los Acuerdos. La persecución y los asesinatos de líderes sociales e indígenas no pueden continuar. No puede seguir haciéndose el sordo ante el malestar y la inequidad existente: o se desmarca de su círculo vicioso o el país se lo va a cobrar.

Posdata. ¡Bien, Colombia! Ejemplo internacional.

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