Por: Esteban Carlos Mejía
Rabo de paja

Al otro lado del mal

Dado mi pasado ocular, Isabel Barragán me pide que le recomiende un oftalmólogo. Vamos juntos al consultorio de la doctora Catalina Montoya Herrán, mi retinóloga, la mejor de Medellín, ahí van viendo. Al rompe, los ojazos de mi amiga, color verde botella, están en perfectas condiciones. Mientras las pupilas se le dilatan para una revisión más profunda, nos sentamos en la sala de espera y nos ponemos a hablar de literatura.

“¿Te gustan las novelas históricas?”, me pregunta. “Siempre”, le contesto sin dudar. Mete la mano hasta el fondo de su bolso Gucci y saca la más reciente novela de María Cristina Restrepo, Al otro lado del mar, Alfaguara, julio de 2017. “María Cristina es como mi madrina literaria”, me alegro al instante. “Es la presentadora casi oficial de mis libros”. “Increíble, toda una señora de la alta sociedad promoviendo las novelerías de un rebelde sin causa”, dice con piquiña. “Pero, ¿qué te pasa, Isa bella? Si yo no te he hecho nada…”, me defiendo. “Por eso mismo, vago”, se burla, y enseguida me explica que la novela narra la larga y doliente saga de Honorine y Albert, un joven matrimonio alemán, antes, en y después de la Segunda Guerra Mundial.

“En 1937 viven en Cartagena de Indias, a tutiplén”, dice. “Ella es bacterióloga en una clínica y él gerencia la sucursal del Banco Alemán Antioqueño. La vida les sonríe acá en el trópico, a miles de kilómetros de la libido imperandi de Adolf Hitler”. “¿Eran judíos?”. “Pareces de la Gestapo”, se indigna. “No, ellos no, pero otros dos personajes, Dafna y Daniel Rosen, sí. Cuando Estados Unidos manda tropas a Europa, después del bombardeo japonés a Pearl Harbor, el gobierno colombiano de esa época, bajo la presidencia de Eduardo Santos…”. “¿El tío abuelo del sobrino nieto?”. “Ajá… rompe con el Tercer Reich, con consecuencias nefastas para los protagonistas. Prohibiciones, confiscaciones de bienes, exilios, traiciones, maldad, hambre, violaciones, muertes…”.

“No me cuentes más”, la interrumpo. “Tranquilo”, me reconforta. “Al otro lado del mar no admite spoilers”. Cierra los ojos: la luz de neón lastima a torrentes sus pupilas ya casi dilatadas. “Está narrada con economía retórica, casi a lo Stendhal, así se enojen los intelectualoides de este país de trogloditas. María Cristina escribe muy bien, sin arandelas ni adornos de verbosidad. Dice lo que necesita decir, y punto. Sus ficciones son escrupulosas y precisas”. Isabel pestañea, desesperada. Le ofrezco mis gafas oscuras, humildes pero seguras. Se las chanta con todo el sex appeal del mundo. “Eso sí, añoro un poquito de melodrama”, confiesa. “María Cristina lo sabe manejar con pulcritud y finura, como contrapeso a las vicisitudes de las historias que recrea”.

Me pasa el libro. Leo el epígrafe: “Aquellas personas que crean reconocerse a sí mismas, o a otras, es mejor que dejen de hacerlo, pues este libro es una novela”. “Ah, esta es mi madrina”, exclamo orgulloso, en el mismo momento en que la doctora Catalina llama al orden a la insumisa Isabel. Le sirvo de lazarillo para que después no diga que no (le) hago nada.

Rabito: “Dios lo hace todo: ha habido maquinaciones tenebrosas que fracasaron por favor de la Providencia”. Miguel Antonio José Zoilo Cayetano Andrés Avelino de las Mercedes Caro Tobar, presidente de Colombia (1892 - 1898).

Rabillo: Excelentísimo señor expresidente de la República, honorable senador, dignísimo Cojón de Oro del Casanare, ínclito capataz de la godarria, ciudadano Álvaro Uribe Vélez: ya no más, cariño.

@EstebanCarlosM

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