Por: Mario Méndez

Alardes de un alcalde impopular

Enrique Peñalosa demoró aún más la construcción del metro para Bogotá, alargando innecesariamente el tiempo transcurrido desde 1934, cuando se habló por primera vez sobre esta modalidad de transporte masivo tan arisco para la capital. Y lo hizo así por su mezquindad, que no soportaba la idea de hacer efectiva la obra ya aprobada sobre la base de los estudios necesarios. La justificación es que no estaba de acuerdo con el trazado y las características, una rebuscada forma de evitar que se le diera el crédito histórico a su antecesor.

Ahora, haciéndole carantoñas a su ego, nos cobra la obligación que tiene de realizar proyectos para la ciudad, en una descomunal campaña cuyo costo debe estar ya bastante gordo. ¿Por qué el alcalde necesita hacer bombo con sus obras, saturando a los citadinos por radio, televisión, impresos y avisos en los periódicos? Así la dimensión del automaquillaje de su administración no fuera tan exagerada, ¿qué justifica hacer ruido con su trabajo? ¿No lo eligieron para eso sus seguidores?

De modo que los bogotanos y los bogotanizados hemos de pagar por la engañosa cantaleta de “impopular pero eficiente” de un funcionario que, por fortuna, quedó con el rabo entre sus extremidades inferiores al intentar en vano la venta de la ETB, emblemática empresa que ya cumple 135 años y es orgullo patrimonial de Bogotá. Al alcalde le ha faltado alardear de su afán por erradicar el proyecto de la reserva Van der Hammen, en medio de su fiebre por el cemento, tratando de quitarle piso argumental a la idea de convertir en bosques los terrenos definidos. Ha dicho con verdades a medias que “la tal reserva no es más que un conjunto de potreros”. ¡Claro, ya lo decíamos en otra ocasión! La reserva es actualmente eso: potreros, pero potreros que se deben convertir en una floresta reguladora del medio ambiente de la sabana, de acuerdo con los numerosos estudios sobre las peculiaridades de ese punto geográfico. ¡Nada menos que eso!

Ahora bien, ¿por qué Peñalosa es impopular? Sabemos que la popularidad no se compra, aunque a veces se explica por el trabajo de cautivar mediante mentiras y sustos ante el coco que viene, como ocurre en otros casos que se salen del marco de lo que estamos tratando. Pues el alcalde de Bogotá no fue capaz de conseguir la aureola de la aceptación porque ha fallado en otros campos, como en el del estado desastroso de la malla vial, que no puede estar peor y mucho le criticó a Petro en los días de campaña, además de que su talante soberbio y sobrado no le ayuda.

Enfatizando y terminando con el factor de su mezquindad, que se le escapa por los poros a Peñalosa, algo debió disgustarle en el caso del irreversible Metrocable, ya que no resultaba fácil cambiar los planes adelantados y era imposible neutralizar el impacto emocional que expresa la gente de Ciudad Bolívar cuando le cambia una letra al nombre del cable que le está facilitando la vida. Así que, “señor de las alturas”, tenía que resignarse a ser únicamente el inaugurador.

Tris más. En este asunto del metro, ¿qué hará quien le reciba su despacho a Peñalosa el 1º de enero de 2020? ¿Desmontará otro proyecto? ¡El colmo!

* Sociólogo, Universidad Nacional.

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