Por: Pedro Viveros

Alcaldes, a poner en marcha su sacudón político

Después del 27 de octubre del año pasado los ojos del país se enfocaron en los fenómenos políticos ganadores, sobre todo en quienes vencieron en las grandes capitales. Los nombres de Claudia, Quintero, Pumarejo o Jorge Iván pasaron a ser los más sonados en cuanto café o tertulia política poselectoral hubo en esos días. Este reduccionismo nos permite visualizar el destino de esas grandes ciudades, pero no analizamos el futuro de las pequeñas poblaciones donde de verdad deberían sentirse los avances de la democracia.

Desde la aprobación de la elección popular de alcaldes y gobernadores, Colombia vive un dilema permanente entre la necesidad de expandir el valor del sufragio a todas las capas de la sociedad y la perpetuación en el poder de clanes en localidades donde el voto de opinión pocas veces hace su aparición. Son lugares donde el recambio de liderazgos se da en pocos períodos. Es la pétrea figura de un mismo grupo y una misma causa, casi siempre en contravía de las aspiraciones de sus genuinos moradores. Por esta, y muchas otras razones, las grandes urbes reciben cada año más colombianos frustrados porque no pueden afincarse es su territorio de origen.

De vez en cuando llegan sacudones políticos que permiten pensar que puede haber un cortocircuito con el pasado en esas poblaciones. Cartagena, Cúcuta o Buenaventura fueron algunas sorpresas que vale la pena monitorear para que estas excepciones se conviertan en la regla y podamos irrigar el buen gobierno a todas las capas de nuestra nación. Algunas ideas enfocadas al establecimiento de unas bases sólidas, para que en lo posible la ruptura en estos centros urbanos sirviera para darle paso a una cadena de buenos gobernantes que garanticen permanencia en sus políticas públicas esenciales para así tener una óptima gobernabilidad a futuro: 

Sociedad civil. El historiador francés Alexis de Tocqueville, luego de su viaje por Estados Unidos, llegó a la conclusión que la inmensa solidaridad de esta sociedad se sustentaba en las fuertes relaciones que tenían las organizaciones sociales en ese país. Sin duda, el reconocimiento de las buenas acciones y de quienes realizan compasivas obras en esta tres ciudades fortalecerá su tejido social. Rescatar los mejores profesionales, empresarios y resaltar su labor, así como los beneficios de los filántropos o de los trabajos académicos de los estudiosos, le servirá al mandatario para crear nuevos relatos y liderazgos que sean ejemplo para las nuevas generaciones.

Gabinete. En las escuelas de gobierno del mundo enseñan una premisa principal a la hora de escoger miembros de equipos de dirección: “seleccionar aquellos que sean más competentes e inteligentes que el propio alcalde”. En otras palabras, si falta el mandatario cualquiera pueda sucederlo y responder de la misma manera o mejor. Siempre las acciones del grupo gubernamental deben estar monitoreadas por el alcalde bajo la deducción del expresidente Ronald Reagan: “confíe pero verifique”, sobre todo en el manejo de los recursos públicos ante lo cual deberá regir el ideal del manejo de los tributos públicos: aquí su plata se ve en obras.

Institucionalidad. Es recurrente la frase que Colombia tiene más territorio que Estado. Es cierto, pero no por ello hay que esperar la llegada de los funcionarios bogotanos con la varita mágica que casi siempre se demora más de lo deseado. Hay demasiados recursos que se pierden por no tener la capacidad de gestión local para presentar proyectos y obtener recursos para inversiones urgentes. El apoyo de las entidades nacionales o internacionales debería enfocarse en crear una institución con capacidad técnica que respalde a los ciudadanos, al tiempo que obtenga medios para invertir en salud, educación y apoyo a la justicia.

Que esta disrupción sea un homenaje al filósofo Heráclito: “el cambio como constante”.

@pedroviverost

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