Por: Mario Fernando Prado

Alfonso Ocampo Londoño

Falleció el pasado miércoles, en Cali, el médico y educador Alfonso Ocampo Londoño. Exministro de Salud y de Educación. Agregado educativo de Colombia en la OEA, fundador de la FES y de la Facultad de Medicina de la Universidad del Valle.

Rector de la misma, como también de la Universidad Icesi. Escritor y columnista. Director del Icetex. Promotor de la creación de la Universidad del Pacífico. Hasta le alcanzó el tiempo para presidir el Club de Ejecutivos del Valle del Cauca y, menos mal, nunca para hacer política, como tantas veces fue tentado.

Fue Ocampo quien cristalizó la idea de construir la Ciudad Universitaria al sur de Cali, en un megalote de un millón de metros cuadrados que fue donado por los hermanos Garcés Giraldo, colocando a esta institución educativa como una de las tres más importantes de Colombia.

A su vez, fue uno de los gestores de la Fundación FES, que sufrió un serio revés como compañía de financiamiento comercial cuando las revanchas políticas la asfixiaron injustamente. De estricta formación conservadora y fiel creyente de los ideales católicos, no tuvo inconveniente en sus últimos años de formar parte de la directiva de la Universidad Cristiana Cudes, a la que le entregó sus luces, dando ejemplo de convivencia, comprensión y tolerancia.

En un país convulsionado por la corrupción y la mediocridad, personas como Alfonso Ocampo Londoño representan los adalides de la ética y las buenas costumbres, que harta falta les hacen a los educadores de hoy, embebidos en las ambiciones económicas ante las que está sucumbiendo buena parte de nuestra educación privada, cuando no de las parapetadas universidades de garaje, verdaderos descréditos de nuestra enseñanza superior.

El sector universitario colombiano ha perdido a uno de sus más preclaros representantes, que deja el ejemplo de una vida dedicada al servicio de los demás y cuyo ciclo vital será justipreciado siempre con respeto, admiración y cariño.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

Se la montaron a Ubeimar

La militarización de Buenaventura

Peleas de compadres

¿Más de lo mismo?

“Martillo”, íntegro e integral