Por: Rafael Orduz

Alguien, un niño, necesita lo que su hogar tiene

“Yo sé quién sabe lo que usted no sabe”, era un programa del periodista Alfonso Castellanos, que respondía preguntas del público a través de la consulta a expertos. Se podría ampliar la frase: “Hay miles de niños colombianos sin hogar que tienen el derecho a recibir afecto en hogares dispuestos a darlo”.

A pesar de que el pasado miércoles la Comisión Primera de la Cámara de Representantes consiguió voltear el resultado de diciembre pasado en el Senado en materia de adopciones, en donde la votación a favor del referendo había barrido, quedan enormes preocupaciones alredededor de la virulencia y la polarización que el tema seguirá generando.

De una parte, el reencauche político del discurso en contra de la llamada ideología de género, sustentado en lenguaje religioso llevado al nivel de las luchas de las cruzadas medievales, con un enorme público de gran interés para políticos ávidos, prestos al debate electoral del 2018. La Constitución del 91 consagra la libertad de cultos y de conciencia, pero no la de imponer las creencias propias a los demás.

Segundo, la realidad, verificable, de miles de niños que, por distintas razones, entran al sistema de adopción: decisión de la madre (apoyada, con frecuencia por su propia familia), que considera no estar aún en condiciones para criar un niño; violencia en todas sus formas contra bebés y niños en su primera infancia, abandono. Las imágenes de niños de meses con sus caras reventadas en poder del Icbf, parte del testimonio para su ingreso a hogares sustitutos, deberían ser suficientes para ilustrar el nivel de violencia en contra de los niños y la disposición de la sociedad a ayudarles a encontrar un hogar, dado el caso de que la propia familia no corrija sus hábitos. No sobra recordar que, con frecuencia, se trata de niños agredidos en el seno de hogares conformados por parejas heterosexuales.

En tercer lugar, pareciera que el argumento se invirtiera: son los niños los que tienen el derecho a disfrutar del afecto en un hogar que los acoja. Se trata de dar amor responsable, de brindar estabilidad, permanencia, a niños con tal derecho. La forma de evaluar si tales condiciones se dan en los hogares solicitantes en procesos de adopción está inventada, así como los mecanismos para realizar seguimiento continuo.

Cuarto, son, de hecho, múltiples los tipos de hogar que pueden cumplir con las condiciones. Personas solas, parejas, sean heterosexuales u homosexuales. Las formas de familia son muchas en las sociedades actuales…. conozco mujeres solas que han adoptado. También parejas con hijos que lo han hecho. Las experiencias exitosas de hogares formados por parejas gay están documentadas.

Hay, además, un hecho que debía preocupar: miles de niños “envejecen” en el sistema, convirtiéndose su adopción en poco atractiva. Curiosamente, son hogares extranjeros los dispuestos a la adopción de jovenes menores de 18.

Hay que recordarlo: los niños primero.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Rafael Orduz

Sin memoria no hay paz

Trabajo en el 2030: incierto, ¿y?

Gracias a Gonzalo Sánchez y al CNMH

Ana María Archila y el juez Kavanaugh

La afición a prohibir, en alza