Por: Eduardo Barajas Sandoval

Algún día aparece el diamante

Quien apoye a grupos subversivos en países vecinos resulta tarde o temprano en evidencia.

Siempre habrá quien se interese, a cualquier lado de la frontera, por esclarecer los hechos. Como no es fácil ejercer de cooperante sin dejar huellas, la más sutil de éstas puede llevar a la sin salida. Y como alguien puede, tiempo después, estar dispuesto a contar todo lo que sabe, las posibilidades de salir avante frente a unos jueces justos se vuelven mucho más remotas.

Una modelo británica, emblemática y conocida en el mundo entero, resultó de pronto declarando en un juicio que se le sigue a un antiguo jefe de Estado por cargos que incluyen asesinatos, violencia sexual, violencia física y mental, esclavitud sexual, denigración de la dignidad personal, uso de niños en la guerra, secuestro y labores forzadas, saqueo, pillaje y actos de terrorismo.

La declaración de Naomi Campbell resulta decisiva para el proceso, porque se convertiría en una de las pruebas que contribuirían a demostrar la veracidad de la actividad que subrayó y cobijó todas las faltas anteriores, como fue la del apoyo que el otrora Presidente de Liberia prestó en su momento a uno de los grupos en guerra en el vecino país de Sierra Leona.

Enfrentados en una típica guerra de las que se han desatado como consecuencia mediata del asalto europeo al continente africano, las agrupaciones Mende y Tenme se enfrentaban por el control de un país pleno de riquezas naturales, para hacerse a lo que quedó luego de la feria del desorden, la ambición desmedida y sin límites y la falta total de respeto por tradiciones milenarias que significó la época colonial.

Charles Taylor, controvertido personaje de la vida política africana y promotor de un proyecto mesiánico que incluía no sólo el espacio físico y político de Liberia, país del cual era presidente, sino el de los vecinos  para ir luego por el resto del continente, creyó que tenía el derecho, y de tal vez hasta el deber de tomar partido en la guerra del vecino.

Como suele suceder en esos casos, Taylor pensaba, en su desmedida idea de sí mismo, que el destino de Africa dependería de su voluntad de convertirse en el dispensador de un modelo político de su autoría, que iría creciendo rápidamente y, gracias a esfuerzos como los de los guerrilleros vecinos, llegaría a configurar un fenómeno de grandes proporciones. 

Un tribunal especial, creado por las Naciones Unidas para esclarecer los crímenes de lesa humanidad cometidos desde 1966 en Sierra Leona, y procesar a los principales responsables, terminó trasladándose de Freetown a La Haya y resolvió llamar a declarar a la modelo Campbell, para preguntarle si en algún momento fue destinataria de un regalo de los que se sospecha hacía Taylor con la misma moneda en la que le pagaban su apoyo los guerrilleros de una de las fracciones del conflicto de Sierra Leona.

Naomi ha dicho que efectivamente, luego de una cena con el entonces Presidente sudafricano Nelson Mandela, que nada tuvo que ver en el asunto, Taylor le hizo llegar un regalo de diamantes, cuya descripción coincide con la de los que se utilizaban como medio de pago en la guerra de Sierra Leona. Con lo cual parece configurarse tanto una prueba contundente del apoyo que les dio a los Tenme, como de su interferencia indebida en el conflicto y, sobre todo, de la manera como, tarde o temprano, todo se viene a saber y el entrometido en los asuntos ajenos termina por quedar al descubierto, como infractor de principios elementales.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Eduardo Barajas Sandoval