Algunas buenas noticias

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Unas personas viven bajo el paraguas del miedo. Otras, bajo el paraguas de la ecuanimidad. El ecuánime mantiene un equilibrio de ánimo. El latinajo aecuare significa igualar, acercar los dos polos. Mientras el miedoso se apoca y únicamente ve ´la inmunda´ -como hablan los gomelos-, el ecuánime procura balancear las situaciones.

Alejandro Gaviria consiguió ecuanimidad en pocos años. Tal vez los últimos ocho, lapso en que fue ministro de salud, superó un cáncer linfático y llegó a la rectoría de la Universidad de los Andes. Una trayectoria a presión, durante la cual publicó dos libros con títulos enfrentados a puño limpio: “Hoy es siempre todavía” y “Alguien tiene que llevar la contraria”.

El 20 de este abril abrió en Twitter un hilo con un encabezado de acróbata: “Aparentemente (la incertidumbre es mucha) hay algunas buenas noticias…” Lo dejó titilando en el aire azuloso de esta red y hubo que darle clic para descansar de la apariencia e incertidumbre.

Entonces se desplegaron cinco frases exprimidas, sobre el presente del Coronavirus en Colombia. En cada una vibra la duda y reina el verbo “parecer”. Se afirma pero no se pone la mano en el fuego. El paréntesis y la sugerencia moderan el impulso categórico. El aplomado rector mira a un lado y al otro, antes de llevar la contraria.

He aquí, en extracto del extracto, su visión: “La necesidad de ventiladores parece mucho menor a la prevista”. “Algunos antivirales parecen prometedores… seguramente van a ayudar”. “La tasa de letalidad de la infección parece menor a la estimada… incluso mucho menor”.

“Las medidas de aislamiento parecen haber funcionado: muchos países han visto una disminución sistemática de nuevos casos y fallecidos”. “La pandemia parece haber incrementado la solidaridad y nos ha permitido (colectivamente) mirarnos en el espejo de nuestras propias fallas”.

En enlaces sucesivos, el exministro ofrece citas de medios científicos anglosajones que dan fundamento a sus buenas noticias. Se cuida en salud -no en vano dirigió esta cartera durante seis años-, no desvaría. Es ingeniero civil, economista, lector de Borges, es decir, de literatura, y escritor sin clichés. Tiene los pergaminos completos para decir lo que dice, para llevar la contraria.

Y en efecto, está llevando la contraria en este país bajo el paraguas del miedo. País donde el confinamiento ha funcionado no porque los ciudadanos estén bien informados y se acomoden con conciencia, creatividad y libertad a esta disposición salvadora, sino porque se fruncen ante el mínimo gesto de sociabilidad y se vigilan entre sí como inquisidores. Es comprensible: les han gritado las órdenes, bajo amenaza de muerte propia y ajena.

Bienvenida la voz de Alejandro Gaviria, pues pone acento sobre el otro lado de la luna. Se fija en lo que también es verdad, por encima de la propaganda abrumadora que dicta a diario sentencias de asfixia entubada para el 60% de la población. Es una voz que autoriza la ecuanimidad como otro nombre de la confianza.

arturoguerreror@gmail.com

 

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