Por: Arturo Charria

Alias Santiago Rueda

No sé manejar. Cuando lo digo frente a otras personas, me abren los ojos como si se tratara de una blasfemia. Hay quienes tratan de buscar razones políticas o ecológicas en mis motivaciones, cuando en realidad es una combinación de pereza, conveniencia y nervios. Sin embargo, dispuesto a resolver el tema, comencé el año con la convicción de sumar un carro más a las colapsadas calles de la ciudad. Lo primero fue hacerme a la idea, enterarme de los requisitos necesarios, los cursos y aprender nuevas siglas de entidades que desconocía. Esa primera tarea me ocupó casi tres meses de extenuante inmovilidad y, sin haber hecho el primer trámite, decidí tomar una semana de descanso: siete días sin pensar en el asunto.

Renovado tras mi reposo, regresé a mi plan inicial: encontré una academia cerca de casa e identifiqué el primer papel requerido. A los pocos días estaba haciendo fila y pagando el RUNT. Feliz, llegué a la oficina exhibiendo mi certificado de pago como quien levanta un trofeo, con la mala suerte de que un día antes de ir a pagar el curso perdí el recibo. Con algunos compañeros revisamos la página web de la entidad para saber si estaba inscrito. Al digitar mi cédula, aparecían todas las letras de mi nombre: “Carlos Arturo Charria Hernández”. También decía que no tenía pase de conducción y, para mi sorpresa y la de mis compañeros, tenía una multa.

Sin haber andado la primera calle, ya era infractor. Pensé en esa extraña idea cristiana que nos hace nacer con el pecado a cuestas, como si manejar fuera una culpa que debemos asumir y pagar anticipadamente. La multa estaba a nombre de un tal Santiago Rueda por “transitar en sitios restringidos o en horas prohibidas”. El lugar y la hora de los hechos eran la Glorieta de San Mateo en Cúcuta, a las 11:50 p.m. del 29 de noviembre de 2008. Adicionalmente, se aclaraba que la moto de placa NWQ41 fue inmovilizada. Entre los datos de alias Santiago Rueda relacionados con su licencia de conducción, me parece interesante mencionar su fecha de vencimiento: 01/01/1900. El monto total de la multa es de $237.200.

Actualmente, me encuentro en un trancón burocrático, pues tengo que demostrar que efectivamente soy Carlos Arturo Charria Hernández. La situación es un reto a la paciencia, pues me han tenido de extensión en extensión explicando mi caso y he llegado a pensar en subcontratar a alguien que se encargue de hacer las correspondientes llamadas, no sólo por el tiempo invertido, sino por mi salud mental y la de mis compañeros, que ven mis manos moverse con vehemencia contra el viento. En una de esas llamadas, un funcionario me recomendó ir a resolver el trámite personalmente en Cúcuta, pues allí había sido levantada la multa y desde Bogotá no se podía hacer nada.

Debo reconocer que por un momento llegué a contemplar la idea, pero imaginarme haciendo una fila en la Secretaría de Tránsito de Cúcuta tratando de explicar mi caso me pareció un intento por provocar a los demonios internos que todos llevamos dentro, tal como le ocurre a “Bombita” en Relatos salvajes, quien, en un arrebato de justicia, hace volar una oficina de tránsito. Por eso, decidí pagar la multa, como esos niños que bautizan para salvarlos de los errores que otros han cometido. Desde ahora, como los niños recién bautizados, puedo decir que tengo un nuevo nombre, un heterónimo, ahora soy Santiago Rueda.

@arturocharria

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