Preguntona

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A comienzos del decenio de 1950, mi maestra de antropología cultural Alicia Dussán Maldonado interrogaba a las mujeres de Taganga acerca de su participación en la venta de pescado. Le pusieron el sobrenombre de preguntona, condición que también adquirí, gracias a las lecciones de ella. Como se acerca el 16 de octubre, cuando cumplirá 100 años, celebro y agradezco sus enseñanzas.

Hace pocos días me enteré del mote cariñoso por una de las entrevistas que su hija Helena le hizo para agradecerle al rector de la Universidad del Norte, Adolfo Meisel Roca, la medalla al mérito científico mediante la cual esa institución se sumó al onomástico. Tres de quienes fuimos sus estudiantes del Departamento de Antropología que en 1964 ella fundó en la Universidad de los Andes —Esther Sánchez Botero, Roberto Pineda Camacho y yo—, así como su amigo Jon Landaburu, le habíamos pedido al doctor Meisel que considerara la opción de ese reconocimiento. Él estuvo encantado porque había escrito sobre las investigaciones que la pareja realizó entre 1954 y 1960, cuando repartieron el tiempo entre Cartagena y Santa Marta**.

El primero de abril de 2009, participé en el tributo que le rindió la Universidad Nacional de Colombia, y el primero de abril de 2010 en la ceremonia por el doctorado honoris causa, mediante el cual la premió el Departamento de Antropología de la Universidad de Antioquia. Entonces volví a recordar el primer curso de antropología que durante el segundo semestre de 1963 dictaron los Reichel, con un énfasis que desconocíamos acerca de la evolución del género humano. De ahí el interés por relatos como el de Yuval Harari en su libro Sapiens. Allí sostiene que empresas colectivas que involucran a cientos de miles de personas dependen de las narraciones mitológicas que las integran.

La visión de doña Alicia acerca de lo que debe ser un museo lleva implícito el supuesto de que los colombianos estamos huérfanos de ese tipo de narraciones unificadoras. Criticó los años cuando el Museo Nacional de Colombia reducía nuestra historia a la de las élites machas y blancas, con una nota al margen sobre indígenas petrificados en un pasado arqueológico. Y hacia 1970 plasmó su ideal museológico montando en los vagones de un viejo tren objetos que dieran fe de nuestras “…culturas indígenas, historia, artes plásticas y folklore”. Antes de vararse, el armatroste alcanzó a recorrer 110 pueblos del Caribe, cuyos pobladores jamás habían imaginado qué era una muestra museográfica[1]. Si pudiera repetir ese reto, quizás ella incluiría mingas indígenas y resistencias cimarronas. Harían parte de verbalizaciones diversas, a partir de las cuales ofrecernos espejos pedagógicos que ampliaran nuestra visión sobre la formación nacional[2]. Como otros escritos nacidos de la preguntadera, los que se refieren a la valía didáctica del museo nos revelan un pensamiento futurista que perdurará mucho más allá del 16 de octubre de 2020.

* Profesor, Programa de Antropología, Universidad Externado de Colombia.

** Ver páginas 3 a 18 del número 7 de la revista Baukara de la Universidad Nacional de Colombia

[1] Dussán, alicia. 1993. Colombie". En: Museum. Rôle du musée Dans l’Amérique latine d’aujourd’hui. París: UNESCO, Vol. XXV No. 3, pp. 179-182.

[2] Jaime Arocha, entrevista a doña Alicia Dussán, 28 de marzo de 2008

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