Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Alimentos, bosques y agrocombustibles

EN RECIENTE VISITA DE LA CANCIller de Alemania a Colombia, el presidente Uribe le decía que Colombia está impulsando los biocombustibles sin afectar la producción de alimentos ni destruir sus bosques. Veamos el contexto y las posibilidades de lograr este objetivo.

La crisis mundial de alimentos está cuestionando seriamente el tema de sustituir tierras de uso agropecuario destinadas a la producción de alimentos, para dedicarlas a producir biomasa para los llamados bio o agrocombustibles, que no alimentan gente sino automóviles. Esta estrategia apareció como alternativa para disminuir la dependencia del petróleo, e inicialmente se argumentó que disminuiría la presión sobre el cambio climático asumiendo que su aporte de gases efecto invernadero era cero, supuesto hoy seriamente cuestionado.

Brasil fue líder en la producción y uso de agrocombustibles. El país importaba la totalidad del petróleo que usaba y le resultaba rentable destruir las selvas para producir etanol para los autos. Alemania, importador neto de petróleo y carbón, desarrolló e hizo más eficiente el uso de energía proveniente de la biomasa, e impulsó su uso argumentando su positivo efecto sobre cambio climático. Estados Unidos, en medio de la crisis del petróleo y de la indefinición de la guerra con Irak, resolvió apoyar la rápida sustitución de producción de maíz, que exportaba como producto subsidiado a América Latina, por la producción, también subsidiada pero para uso propio, de maíz y otras fuentes de biomasa para combustibles. Esto disparó el precio del maíz en México.

Siguiendo la tendencia global, Colombia, cuyas reservas probadas de petróleo son limitadas, resolvió promover el uso de agrocombustibles, fijó metas y definió una política de subsidios. Con un marco legal que obliga a su uso y una política tributaria y de subsidios que garantizan que es buen negocio, se impulsó la rápida expansión de la siembra de caña de azúcar y palma africana y el establecimiento de plantas procesadoras para producir etanol y biodiésel.

Ante la crisis por la escalada en los precios de los alimentos, organizaciones internacionales como la FAO (Organización mundial para la producción de alimentos y la agricultura) cuestionan la sustitución de tierras de producción de alimentos para producción de agrocombustibles. El Banco Mundial propone suspender los subsidios y el consumo obligatorio de biocombustibles derivados de maíz y semillas de aceite, pues mientras los precios de los alimentos en los últimos dos años han subido en promedio un 11%, el de los granos y los aceites han subido 144% y 157%, respectivamente. Como alternativa, propone acelerar la investigación para el uso de desechos agrícolas. Especial potencial tiene el uso del desecho de la caña de azúcar. Simultáneamente, la Unión Europea está desarrollando un marco de sostenibilidad que analiza la viabilidad social y ambiental de los cultivos de biomasa para combustibles que hará o no viable su importación.

En Colombia, lo que se dio en el Andén del Pacífico, de tumbar selva para sembrar palma aceitera, es algo que no tiene posibilidad de seguir, no sólo por el alto costo ambiental y social que genera en las localidades donde se ha hecho, sino por la no viabilidad de vender en el mercado internacional aceite así producido. Para cultivar caña de azúcar o palma aceitera al interior de la frontera agropecuaria, sin afectar, como dice el Presidente, ni la producción de alimentos ni tumbar selvas, es necesario que se incremente la productividad en el sector agropecuario, pues de lo contrario, la secuencia lógica es que la caña y la palma desplazan  la agricultura tradicional y  la ganadería, y ésta para atender la creciente demanda deforesta, reemplazando selvas por potreros. Si queremos evitar una crisis en el suministro de alimentos, hay que limitar y localizar geográficamente la producción de agrocombustibles, pues las tierras hoy cubiertas por bosques no tienen vocación agropecuaria y en cambio poseen un creciente valor actual y potencial como reserva forestal.

* El autor es economista con especialidad en manejo de recursos naturales en el Banco Mundial. Los puntos de vista aquí expresados son del autor, no representan ni pueden atribuirse a la entidad para la cual trabaja.

 

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