Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Alternativas acuáticas

Tras la investigación de Noticias Uno que cuestiona el mérito profesional del ministro de Vivienda, cabe revisar las ideas con que —economistas tras economistas— han manejado la cartera del agua. Que es la suya. Estas ideas han inspirado y moldeado la gestión reciente del agua y el saneamiento en Colombia, con una visión de las crisis ambientales como desafíos que se pueden superar a través de reformas económicas.

Este enfoque confía en el poder de la ciencia y la tecnología para prevenir crisis y restaurar el agua y el medio ambiente. Considera que la naturaleza es externa a nosotros. Por lo tanto, argumenta que el agua se ve afectada y perjudicada por los procesos de minería, agroindustria y otros, pero también puede restaurarse o volver a su estado original con la implementación de reformas económicas correctas que inviten, entre otras cosas, a la participación de concesionarios provenientes del sector privado.

Ante la insistencia terca en este modelo, valdría la pena abrir espacio para alguna alternativa. En lugar de ver el agua como un recurso externo para ser administrado con las mismas cuatro o cinco reformas y una campaña publicitaria en distintos colores azules, serviría explorar los lazos que unen a comunidades y aguas en el día a día. Esto implicaría pensar en cómo diferentes tipos de agua conectan a las personas no sólo material sino también políticamente. Implicaría asumir al agua como un proceso histórico y cotidiano, en que se mezclan los ríos y el mar, la lluvia, las trayectorias de animales y plantas, las aguas servidas, el cloro con el que se trata en los acueductos, los residuos industriales o agroquímicos y todo lo que consumimos y desechamos.

Si consiguiéramos por un momento ver el agua de esta manera, podríamos trascender el agarrotado debate entre la gestión pública y la privada. Esto, porque al hacer hincapié en la prestación de servicios, el debate sobre la privatización tiende a pasar por alto los problemas ambientales, como los flujos de las corrientes y las amenazas a la calidad del agua. Además, este debate tiene siempre un inconveniente de escala, ya que los problemas del agua municipal no pueden separarse del contexto más amplio de la cuenca hidrográfica en el que se encuentran: físicamente el agua fluye por múltiples escalas, pero se usa y elimina localmente.

Además, la dicotomía entre lo público y lo privado podría no ser la apropiada para estudiar el agua en un país con decenas de acueductos comunitarios diversos, que se mueven entre lo formal y lo informal, y que no pueden clasificarse en uno u otro lado del binomio. También se queda corta al analizar casos como el de las corporaciones públicas de agua, como las Empresas Públicas de Medellín, que resultaron de la negociación de intereses públicos y privados en el contexto de fondos limitados y baja capacidad institucional.

A la luz de un enfoque que ahonde en las formas en que el agua que se transforma (en el espacio y el tiempo), la idea de algún tipo de naturaleza prístina que debe salvarse (o gestionarse con unas reformas económicas) se vuelve cada vez más problemática. Se hace evidente que no existe una naturaleza originalmente armoniosa que pueda manejarse adecuadamente a través de las inversiones y los eventos de entrega de casas de Vargas Lleras, ni de los bonos del agua y usura de Carrasquilla y los alcaldes de turno. Hay, en cambio, una multitud de aguas con las que nos relacionamos en una miríada de formas. Y es importante cuestionar qué tipo de aguas los diferentes actores (económicos, políticos, comunitarios) desean preservar, crear o destruir.

882200

2019-09-22T00:00:02-05:00

column

2019-09-22T00:15:01-05:00

[email protected]

none

Alternativas acuáticas

23

3757

3780

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Tatiana Acevedo Guerrero

Elecciones otra vez

¿Mejor Vargas Lleras?

Enhebrando un río

“¡Hey, loco, no dispare!”

Los objetivos estatales del futuro