En vivo: La justicia transicional a dos años del Acuerdo con las Farc

hace 1 hora
Por: Lorenzo Madrigal

Amanecer postelectoral

DIFÍCIL SABER QUÉ PASÓ AYER, cuando estoy escribiendo antier. Hoy todo el mundo lo sabe y comenta los resultados del domingo electoral, que acaba de pasar. Todos lo saben, menos este columnista, aunque la verdad y si Dios le dio vida, también estará enterándose hoy de los resultados de las elecciones parlamentarias y de sus consecuencias. Todos, menos esta nota, todos saben lo que pasó.

¿Uribito superó a Noemí?, ¿logró que su bigornia de falsos conservadores interfirieran en la consulta —interna— del partido de Caro y Ospina? Triste cosa habrá sido, pero posible. O quizás Noemí ha logrado imponer su inalterado voto de opinión, el mismo que la hizo venir de London a adquirir aquí la gripa porcina, de la cual no sale, a juzgar por el estado de su delicada voz presidencial.

Si Uribito se salió con la suya, el conservatismo cerrará filas en torno de su candidata y permanecerá su antorcha encendida hasta la primera vuelta. Si lo contrario, Uribito desistirá de su postulación y se irá arrimando poco a poco al staff de Santos, en el cual tendrá el ingreso seguro.

En otros campos, Mockus estará de plácemes con su victoria verde, pues en estas vísperas no vislumbro otra posibilidad entre los llamados Tres Tenores: el Plácido Lucho, entonado, salibante, popular, pero desmadrado; Peñalotti, artista solitario de ciudades, grande, orondo, ensimismado y Antanas Dos-carreras, el más pequeño, empinado en las puntas de sus pies, dando notas indefinidas entre el si y el la, pero, la verdad, del más puro estilo.

Quién sabe si habrá pasado Lucero Cortés o llorará a estas horas su pena; ¿saben algo de Moreno se Caro? En cuanto a “los niños cantores de Viena” (Davidcito Luna, Simoncito Gaviria y Juan Manuel Galán) estoy convencido de que pasaron a otro curso, o sea, que, por lo menos ellos, ganaron el año.

De Fajardo no habrá habido nada significativo en estas tientas, pues lo suyo se definirá en las presidenciales, con tan raro vicepresidente, aunque meritorio y muy digno del solio, pero nada que ver con la aventura que emprendió hace unos pocos años el ex alcalde de Medellín.

Todo habrá transcurrido en calma. Algún saboteo en Patascoy y Florencia. La Costa Atlántica y Antioquia firmes con Pardo y Aníbal Gaviria, quien se gradúa por estos días de viejo político, pues acabó siendo lo que tantas veces dijo que no iba a ser. Buena esa.

Amaneció y apenas lo estamos viendo.

 

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