Por: Cartas de los lectores

Amar el trabajo desde joven

En nota publicada en El Espectador, de 21 de septiembre, sobre don José Salgar, hoy de 90 años y todavía activo, nos recuerda que “hacia 1934, a sus 13 años, el Mono Salgar —así lo llaman sus amigos— fundía el plomo con el que se imprimía el diario a las 4:00 a.m. Luego pasó a recibir llamadas y tomar notas, después fue redactor, jefe de redacción, subdirector, hasta que llegó a la dirección en 1998”.

Si don José Salgar comenzó a trabajar a los 13 años, joven como han empezado a hacerlo, sin interrumpir sus estudios y su labor autodidacta que es por toda la vida, muchas personas exitosas, no veo la razón por la cual hoy se les enseñe a los menores de 18 años a no trabajar. Ese y no otro es el resultado de una campaña con la que se defiende el no trabajo de los niños y las niñas, y diferente a no trabajo es la no explotación.

El no trabajo genera mentes ociosas y la ociosidad es la madre de todos los vicios, según aprendí en mi tierna infancia cuando me enseñaban en casa el amor al trabajo.

Carlos Fradique-Méndez. Bogotá.

El unanimismo

Ya se nos está olvidando esa palabrita que cogió tanta fuerza en un momento y ahora se ha ido al olvido: unanimismo.

Criticábamos, me recuerdo, en los primeros años del primer mandato del hoy ciudadano y activo twittero Álvaro Uribe Vélez, el insoportable unanimismo de los medios de comunicación —con excepciones muy excepcionales, y perdóneseme la repetición, como las páginas de El Espectador— echando alabanzas permanentes al gobierno que comenzaba. Años después, pero muchos, ya con segundo período a bordo, se vinieron volteando, salvo uno que otro sapo colombiano, otro planetario y uno en radiocadena nacional.

Ahora, por las mismas épocas de comienzo de mandato, lo mismo, y esta vez —horror— incluyo a este periódico de mis amores. El señor presidente es un astuto promotor de dádivas a cada quien y no solamente las impropias con que todo gobierno aceita al Legislativo, sino también las del discurso políticamente correcto que tras el furioso del que veníamos huele a gran transformación. Y los medios, lelos.

¿No estaremos repitiendo la historia? ¿No se merece, ya, un grito de protesta? ¿No vale la pena vociferar el horror de que se entregue el cuidado del medio ambiente a un banquero de inversión? ¿O que tengamos que recurrir a los mismos de siempre, como el señor Cárdenas, famoso por su Dragacol? ¿O que estemos en manos de puros cachacos regios y perfumados, ala, que, claro, aborrecen que el vicepresidente Garzón piense como el pueblo?

Dejemos la fantasía, que de pronto estamos creando el mismo monstruo del que casi no logramos librarnos.

Federico Cárdenas. Manizales.

 

 

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