Amazonas y Australia: Pulmones que se asfixian

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Por: Jairo Agudelo Taborda

En agosto del 2019 vimos el Amazonas en llamas. Ahora asistimos al gigante incendio en Australia. Se trata de los dos mayores pulmones del mundo donde viven (y mueren) millones de personas, muchas de ellas pertenecientes a pueblos indígenas. El mundo se asfixia.

Ante el dilema entre creer o negar el cambio climático y sus efectos, ell Sínodo sobre el Amazonas, convocado por el papa Francisco y realizado en octubre del 2019 en Roma, ha hecho escuela poniendo en el centro de la atención no sólo al planeta como casa común sino, sobre todo, a los pueblos indígenas como los últimos verdaderos custodios de la biodiversidad que aún nos queda.

La biodiversidad no está constituida sólo por la flora y la fauna. Hay también una biodiversidad antropológica a la cual pertenecemos todos los diversos seres humanos con nuestras semejanzas y nuestras diferencias. Los pueblos indígenas son los más autóctonos representantes de tal biodiversidad. Son los biodiversos custodios de la biodiversidad que no hemos logrado destruir en nombre de la civilización y del progreso. Entre ellos hay pueblos que se autodefinen “en aislamiento voluntario” y rechazan todo contacto con los colonos. Ellos nos salvaguardan también a nosotros “civilizados” consumistas y destructores del patrimonio de la humanidad. Salvaguardan nuestra casa común y nos dicen que aún es tiempo de cambiar ruta transformando nuestro estilo de vida (y de muerte).

370 millones de personas en todo el mundo

El Derecho internacional dedica una especial atención a esta categoría de personas denominada “Pueblos indígenas y tribales” en el Artículo 1 del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, entrada en vigor en el 1989.

Tal categoría comprende 370 millones de personas que viven en 90 países distintos, representan más de  5.000 culturas y lenguas diferentes. Tres millones de ellos viven en la Panamazonía conformada por nueve países suramericanos: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana francesa, Surinam, Perú, Venezuela. Estos tres millones conforman 350 culturas diversas, incluidas las de aíslamiento voluntario.

En Colombia se estima una presencia de dos millones de indígenas que constituyen más de 100 culturas diversas. De los dos millones de indígenas colombianos, cerca de 50.000 están en la Amazonía colombiana.

A la tutela internacional de los pueblos indígenas se aplican todos los tratados sobre derechos humanos en general, tanto universales como regionales.

Sin embargo, hay instrumentos específicos como la Declaración universal ONU sobre pueblos indígenas, la Declaración interamericana sobre pueblos indígenas, la Convención de cooperación panamozónica, la Convención ONU contra el cambio climático y sobre la biodiversidad. El más importante es el ya citado Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales (1989) que contempla en su artículo 6 la obligación para los Estados de consultar previamente a las autoridades indígenas  al tomar decisiones jurídicas y/o administrativas que los afecten a ellos y/o a sus territorios.

Tambièn las Constituciones panamazónicas han reformado los mecanismos de tutela de la diversidad cultural de sus países: Ecuador, Bolivia y Colombia.

El artículo 7 de la Constitución política colombiana de 1991, dice: El Estado reconoce y protege la diversidad ètnica y cultural de la nación colombiana; y el Artículo 8: Es obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la Nación.

Pero a pesar de todos los instrumentos universales, regionales y nacionales que tutelan los derechos de los Pueblos indígenas, estos siguen siendo gravemente violados y las personas siguen bajo graves peligros, amenazas y muertes de sus líderes como sucede en Colombia.

El grito de los pueblos panamazónicos

Los pueblos indígenas panamazónicos siempre han lanzado gritos de alarma per la tierra, por la supervivencia de ellos y de la entera humanidad. El grito más angustioso lo lanzaron el pasado 23 de agosto mediante una carta abierta titulada Declaración de emergencia ambiental y humanitaria en la que denuncian públicamente a los gobiernos de Brasil y Bolivia por no proteger los pueblos indígenas y su biodiversidad mientras los incendios destruían la floresta. Después de hacer un inventario de los daños provocados por los incendios y de apelar a la comunidad internacional y a la cooperación universal y regional, cierran la carta con una afirmación perentoria: “Nuestra madre tierra depende de la Cuenca Amazónica; permitir su devastación significa el exterminio de la humanidad.

L’Agenda 2030

¿Lograrán las tantas conferencias sobre el clima escuchar y responder a este grito de la Panamazonía y de Australia? Logrará la comundad internacional adotpar politicas públicas universales basadas en el derecho internacional y de los ordenamientos nacionales a favor de los Pueblos indígenas y de la biodiversidad amazónica, australiana y universal? Lograremos realizar los ODS previstos por la Agenda 2020 de la ONU?

Es imposible obtener respuestas positivas sin un compromiso de todos: gobiernos, sociedades civiles, empresas y religiones de todo el mundo.

* Profesor de la Universidad del Norte

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