Por: Ignacio Zuleta

Ambientalismo franciscano

En dos días, el 18 de junio, el papa Francisco publicará la «Encíclica verde» producto de años de trabajo por parte de la Iglesia Católica. Como abrebocas, la Pontificia Academia de Ciencias convocó una reunión el 28 de abril pasado a la que asistieron la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y muchas otras instituciones laicas, incluyendo la ONU.

La encíclica será, pues, una interesante declaración oficial de la Iglesia sobre cambio climático, la pobreza extrema y la marginación, entre otros temas. El documento llevará como subtítulo «Sobre el cuidado de la creación», inspirado en el Canto de las criaturas de Francisco de Asís que mi generación conoce más como Hermano sol, hermana luna, por aquel poema fílmico de Franco Zefirelli. Dado lo que han venido ventilando Francisco «el verde» y sus obispos, se esperan reflexiones sobre los sistemas que, enceguecidos con el lucro, han conducido  a la depredación de la naturaleza. 
 
Ya ha adelantado el Papa en declaraciones a la prensa o en otras más casuales —fiel a su estilo— que la encíclica evitará aseverar lo que no sea hoy una realidad incontrovertible para la ciencia. Por ejemplo, como se afirma en el Vaticano, que «el cambio climático inducido por el hombre es una realidad científica» y por ello «su mitigación decisiva es un imperativo moral y religioso para la humanidad».
 
Desde luego, el poder que representa a las petroleras no ha esperado para darle la batalla y ha enviado al Vaticano representantes de los intereses más poderosos del planeta a hacer cabildeo. Otros opositores o críticos del papa o de su «intromisión» en estas cosas, como Maureen Mullarkey —ensayista y crítica de arte que escribe en First Thing una influyente revista sobre religión— opinan que Bergoglio es «un ideólogo y un egoísta entrometido […] la megalomanía lo envía a galopar por la geopolítica». 
 
¿Por qué habría de callarse el Papa?  ¿Por qué si hasta el G7, con Merkel como portavoz, declararon que habrá una fecha límite para abandonar por completo el uso de combustibles fósiles? Ya el presidente Obama había encontrado en el Papa Francisco a su aliado público en este aspecto de la lid. Porque el pontífice ni ha dudado en hablar de sustitución de las energías fósiles ni se ha callado acerca de las desigualdades de un sistema de consumo infatuado con una forma de crecimiento económico que está arruinando la Tierra (y la tierra). La declaración de la reunión de abril ya criticaba que estemos midiendo la riqueza bajo el indicador del PIB y que no incluyamos los daños causados por los business.
 
Es cierto que si los intelectuales nos oponemos a la Iglesia con el mismo fanatismo que le criticamos la humanidad pierde la oportunidad de unificarse alrededor de certezas básicas, como que el clima ha cambiado también por nuestra causa y puede hacer que el planeta se sacuda de la especie que lo perjudica. Algo ayuda una declaración que podría crear conciencia en millones de habitantes en el mundo y que irá acompañada por tres meses de campaña interna con los fieles. Porque hay mucho de espiritual en esta lucha. Habrá que leer la encíclica con cuidado esta semana.

 

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