Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Ambientalismo y elecciones

El primer debate entre los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos demostró que el tema ambiental no es prioritario para los ciudadanos norteamericanos. Durante el debate, el tema brilló por su ausencia, excepto por la corta crítica que Romney hizo a la política de Obama por apoyar con subsidios la generación de energía “verde”.

Los temas centrales del debate fueron la generación de empleo, el manejo de los impuestos, la disminución del déficit fiscal, el sistema de salud y el papel del gobierno central en el apoyo a la iniciativa privada. Todo esto con el propósito de reactivar la economía. En ningún caso se hizo la relación entre ambiente y desarrollo económico. La razón es que hoy, para el norteamericano del común, el tema económico de corto plazo es lo relevante y poco cuenta la sostenibilidad económica y ambiental de largo plazo. Si revisamos lo ejecutado por Obama, concluimos que su política ambiental ha sido pobre tanto en el campo nacional como en el internacional. En el nacional, hay algunas medidas positivas, pero tímidas y de poco alcance. Se destacan como las más importantes las relacionadas con la mejora en la calidad del combustible para los automóviles, el descuento en los impuestos por la adquisición de autos híbridos o movidos por energía eléctrica, el incremento en la generación de energía solar y eólica y —quizá la más relevante en términos de inversión de recursos públicos— el subsidio a la generación y el uso de energía alternativas de menor impacto, así como el apoyo directo a algunas empresas que proveen este tipo de productos. En el campo internacional ha sido muy pobre la participación norteamericana. En el caso de Río+20, el presidente Obama no asistió, enviando con su ausencia una señal negativa del compromiso de Estados Unidos con lo pactado hace 20 años en la Convención de Río de Janeiro. Obama se ocupó esos días en la campaña local, buscando votos que no encontraría en Río.

La posición republicana de Romney es aún peor. Su única referencia a lo ambiental, durante el pasado debate, fue afirmar que Obama había gastado recursos públicos excesivos apoyando la generación de fuentes de energía alternativas y que estos recursos deberían reorientarse para alcanzar la independencia energética de los Estados Unidos. Con los republicanos, el tema ambiental será aún menos relevante y sus inversiones tendrán como prioridad el apoyo a actividades que generen resultados de corto plazo, así tengan efectos ambientales negativos.

La política norteamericana contrasta con la europea. En los debates del Parlamento Europeo, el tema ambiental es central e inevitable. Incluso Alemania —en medio de la crisis europea— decide que asumirá costos económicos para evitar los riesgos que provocan las plantas atómicas generadoras de energía sobre la salud y el medio ambiente.

En las democracias contemporáneas, las propuestas políticas son síntesis de lo que los votantes quieren oír. En Colombia, los temas sobre medio ambiente han ido ganado algún espacio en las discusiones públicas, pero los elegidos aún no sienten responsabilidad para con sus electores respecto del cumplimiento de compromisos ambientales. De nosotros como sociedad civil, y de la presión que ejerzamos, depende la importancia que los políticos le den a la gestión ambiental en Colombia.

 

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