Mujeres del Putumayo transforman el territorio lejos de la coca

hace 1 hora
Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Ambientalistas extremos II

Por respeto a mis lectores y al periódico rechazo la infamia de que estoy impedido para opinar sobre medio ambiente porque mi esposa sea abogada minera.

Ni ella ni yo gestionamos asuntos ante ninguna autoridad ambiental. Mintieron tanto los tuiteros ambientalistas que pretendieron lincharme con ocasión de mi columna de la semana pasada, como la nómina de burócratas y contratistas de precaria reputación vinculados a la Contraloría ( http://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2013/05/Contraloria_Miner%C3%ADa-en-Colombia_2013.pdf) (http://www.contratos.gov.co/consultas/detalleProceso.do?numConstancia=14-12-2257480), quienes seguramente obedeciendo órdenes de la perseguidora Sandra Morelli —al parecer volvió la fugitiva, pero no a responder a la justicia, sino a intentar seguir manejando la Contraloría— asaltaron la generosidad de las Cartas de los Lectores de este diario con una misiva llena de mentiras y sandeces.

En los 16 años como columnista he enfrentado grupos religiosos, políticos, la parapolítica, distintos gobiernos y funcionarios abusivos como los de la ola criminal que se apoderó del Estado en la funesta seguridad democrática. Pocos de estos episodios representaron tan estruendosa respuesta como la que dieron a mi columna anterior el grupo de intocables “técnicos” extremistas del medio ambiente. Tal fue la violencia que concluyó con amenazas en mi contra y de mi familia. Ellos son los dueños del medio ambiente, los únicos que conocen las cifras y están en capacidad de controvertirlas. Los argumentos de estos sabihondos extremistas de cuello verde radican en que su opositor no sabe o no entiende. Toda la burocracia es mala, menos la de ellos. Quienes defendemos el desarrollo sostenible, somos diabólicos o inmorales. Sus críticos estamos inmersos en supuestas inhabilidades, pero ellos que están cargados de contratos y asesorías en temas ambientales sí pontifican y estigmatizan a todo el mundo.

Como todo fanático, pierden la dimensión de los asuntos y asumen la vocería de muchos que no representan. Entre los tuiteros que participaron del ataque aleve propiciado por el autoproclamado defensor del medio ambiente, quien hoy defiende los garrafales errores de leyes y decretos que autorizó como ministro del ramo, me encontré también con la grata sorpresa de muchos ambientalistas equilibrados que hallaron razón en mis opiniones. Como ocurre con frecuencia, son unos pocos quienes se adjudican el liderazgo de la causa que ellos han desnaturalizado.

Desde la cárcel intelectual que habitan, tildan de “grotescos” y “ridículos” los argumentos de los demás, porque claro, ellos son los “técnicos” y se sienten insultados si alguien discrepa de su infalible credo. El calificativo de “extremistas” les incómoda porque desnuda el oscurantismo desde donde lanzan sus dogmas. Y cuando se reacciona con firmeza frente al agravio, como debí hacerlo ante el linchamiento que me montaron en las redes sociales por pensar diferente, sindican a quien se defiende de no saber debatir. Mi trayectoria profesional y académica es testigo de lo contrario.

Me reafirmo en mis opiniones, empezando por los reparos a la campaña demencial contra la agilización de la concesión de licencias ambientales, sujetas a trámites engorrosos, dilatorios y corruptos. Ratifico también los datos que cuestionaron sobre las áreas reservadas. Colombia tiene 114.218.901,09 hectáreas, de las cuales están reservadas el 53,53%, según la Agencia de Minería a 15 de julio de 2013, sin que en esa zonificación se asome la democracia. Igualmente denuncio que por cuenta de ese ambientalismo hirsuto la infraestuctura vial se ha retrasado, como en La Línea y la Ruta del Sol. Asimismo, reitero que esos radicales en su obsesión persiguen empresas legales, propiciando la contaminante minería ilegal. Y otras atrocidades ambientalistas y corruptas que, gústeles o no, seguiré denunciando.

Se les acabó el cuarto de hora a esos intolerantes del medio ambiente. No más, el aire que respiramos todos, no les pertenece sólo a ellos.

Adenda. Alcalde Petro: el invento del carril exclusivo para los buses es un desacierto mayúsculo de su gestión. Otro más.

 

 

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2014-11-01T22:00:00-05:00

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