Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Ambiente, reto de paz

Firmado el acuerdo de cese bilateral al fuego entre Gobierno y Farc, el país inicia una nueva etapa de la que todos somos parte y en la que todos debemos poner nuestro grano de arena, o sembrar nuestro árbol, para hacer de Colombia un nuevo y mejor país.

Honestidad, serenidad y equidad son solo algunos de los rasgos que debemos apropiar como sociedad, si queremos construir un nuevo país y hacer de la firma de la paz una verdadera oportunidad para una renovación social, económica y ambiental.

Debemos combinar la urgencia de mejorar indicadores económicos, con la conservación y uso sostenible del capital natural en espacios donde la lógica del manejo del territorio no ha contemplado esta relación como prioridad.

Uno de los grandes retos nacionales asociados al posconflicto es la sostenibilidad ambiental en los territorios de paz. Como se ha repetido innumerables veces, los espacios identificados por Naciones Unidas para la construcción de la paz con las Farc son espacios frágiles, con ecosistemas naturales en relativo buen estado e importante riqueza en biodiversidad. Gobierno y Farc lo reconocen en el texto del acuerdo sobre reforma rural integral.

El histórico carácter marginal de la gestión ambiental y la carencia de un manejo consciente de la relación calidad de vida-medio ambiente son el punto de partida para este nuevo reto por la paz, y su sostenibilidad ambiental, económica y social.

Las Farc, como guerrilla de origen rural, tradicionalmente han actuado y tenido apoyo social en áreas de expansión de frontera agrícola. Algunos decían: el bosque es subversivo, sirve de refugio para las guerrillas y dificulta los operativos militares. Los desarrollos tecnológicos y la firma de la paz disminuyen el protagonismo del bosque en la guerra. Hoy, el reto es manejarlo adecuadamente para que la paz no lo destruya.

Los riesgos de destrucción son independientes de la ideología política de las partes. Obedecen a prácticas tradicionales, con fuerte arraigo cultural e importante soporte de las tecnologías socialmente apropiadas por nuestros campesinos, empresarios e instituciones.

La cosa no es fácil. Requiere innovación y paciencia, dos aspectos que no coinciden con la premura de mostrar efectos positivos tras la firma de los acuerdos. Las dos partes están obligadas a mostrar que la paz tiene dividendos sociales y económicos que se traducen en una mejora en la calidad de vida.

La relación ambiente-calidad de vida no siempre tiene efectos evidentes de corto plazo. Al contrario, muchas determinaciones de transformación del paisaje, originadas en la intención de alcanzar beneficios en el corto plazo, llevan a la destrucción irreversible del capital natural y generan en el mediano plazo insostenibilidad económica y social.

Hay opciones para hacer sostenibles las intervenciones en las zonas de expansión de frontera agrícola, caracterizada por suelos frágiles e inapropiados para prácticas agropecuarias tradicionales: café asociado a sombrío biodiverso, ganado en sistemas silvopastoriles, cacao y bosque, frutales amazónicos, eco y agro turismo, conservación de bordes de ríos y quebradas.

Estas son algunas opciones que debemos retomar para la sostenibilidad en los territorios de construcción de paz.

* Miembro Consejo Nacional de Planeación, @Juparus

 

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