Por: Columnista invitado

Ambiente y paz

El ministro del Ambiente podría ayudar a discutir el desarrollo rural en las negociaciones de paz si aportara los conceptos y las experiencias nacionales e internacionales en el pago de servicios ambientales, la restauración ecológica de las fincas, la reforestación protectora de las laderas, la forestería comunitaria, el mecanismo de desarrollo limpio, los cultivos orgánicos y el silvopastoreo, todas ellas actividades que requieren mucha mano de obra y que aumentarían la sostenibilidad y productividad del campo colombiano.

El problema de baja rentabilidad de la agricultura y la ganadería estriba en la extrema complejidad del conjunto de ecosistemas que conforman nuestros campos, en que esa complejidad se acentúa con la posibilidad de cambios globales y locales en el clima y en que esas características estructurales biofísicas implican vulnerabilidades, riesgos e incertidumbres.

En el caso colombiano esas incertidumbres aumentan si se consideran cuatro circunstancias adicionales: la heterogeneidad y discontinuidad del potencial agropecuario territorial, el deterioro físico actual de los ecosistemas, la aprobación del TLC y la presencia del narcotráfico. El pensamiento ambiental puede aportar algunos conceptos y experiencias que podrían facilitar consensos rápidos y realistas en ese complejo escenario.

El concepto amplio de servicios ambientales procura acercar la realidad ecológica al mercado induciendo a reflexionar acerca del valor de procesos que generalmente se consideran gratuitos: el agua que desciende por las corrientes o se almacena entre las rocas, el oxígeno que encontramos en la atmósfera, la fijación del gas carbónico en la vegetación, la biodiversidad, la belleza del paisaje. El argumento busca que quienes gozamos de estos “servicios” reconozcamos su valor a quienes los protegen, incluidos los habitantes del campo.

Ese argumento podría utilizarse para costear subsidios nacionales e internacionales a campesinos, desplazados, desempleados, exguerrilleros o exsoldados que restauraran los ecosistemas, que reforestaran las laderas para disminuir la erosión y evitar las inundaciones, que limpiaran y conservaran las aguas, embellecieran el paisaje o protegieran la fauna silvestre.

Los conceptos de cultivos orgánicos, labranza mínima, productos verdes, forestería comunitaria, silvopastoreo y cultivos ecológicos caracterizan formas de producción que minimizan los daños a los ecosistemas y favorecen la salud del consumidor. Existen ya en todo el mundo normas para distinguir sus productos y cadenas de distribución que facilitan su mercadeo.

En Colombia ya hay numerosos productores que siguen esas líneas, las cuales con apoyo nacional e internacional podrían ser ampliadas para incluir a los nuevos propietarios que surjan de la Ley de Víctimas y para que constituyan alternativas reales al narcotráfico.

 

**Exgerente del Inderena y exdirector del Instituto Geográfico Agustín Codazzi /

 

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