Por: Luis Carlos Vélez

América Latina: ¿hora de las vacas flacas?

En algunos países se le conoce como resaca, en otros como guayabo. Es esa sensación desagradable que deja una jornada intensa de fiesta.

América Latina tiene guayabo, se está despertando después de casi una década de riqueza, producto del auge de las materias primas y viendo los efectos de sus excesos o de su buen comportamiento.

Después de la rumba que representó el crecimiento continuado de China y su demanda de minerales explotados en nuestra región, América Latina se puede dividir en tres grupos: los que hicieron la tarea y disfrutaron de la fiesta guardando para los días difíciles, los que no hicieron mucho y desperdiciaron su potencial, y los que se comieron todo como si fuera el día final. Entre los países que hicieron la tarea se encuentran Chile y Perú, que invirtieron en infraestructura y en el fortalecimiento de sus finanzas en busca de un crecimiento continuado en el mediano plazo.

En el grupo de los que no hicieron mucho y desperdiciaron su potencial se encuentran Colombia y Brasil. En el primer caso, la corrupción y la falta de infraestructura no permitieron que la nación pudiera sacarle todo el provecho a su auge petrolero, mientras que al mirar a Brasil, queda claro que su falta de definición política ha mantenido al margen a los inversionistas extranjeros, que a pesar de ver al país con un gran potencial, no terminan de creerle debido a la ambivalencia de sus líderes, que por la mañana se muestran como grandes empresarios y por la tarde denotan peligrosos visos del socialismo del siglo XXI.

Y en el tercer grupo están Venezuela y Argentina. Estos dos países vieron como durante los años de mejores precios en el petróleo, gas y alimentos como la soya, sus gobiernos se dedicaron a comerse sus ingresos como si no hubiera mañana. Venezuela, según un editorial del diario El País, dilapidó un auge que hubiera servido para reconstruir 15 veces Europa después de la segunda guerra mundial. Y en Argentina, una monarquía disfrazada de democracia se pasó el bastón de mando, no sin antes nacionalizar todo lo que se encontró para, de paso, llenar sus cuentas personales de dinero. Según Standard and Poors y J.P. Morgan, es inevitable que se venga una etapa de ajuste ahora que se aproxima el final del plan de estímulo económico establecido por Estados Unidos para salir de su crisis, un ajuste de China que muestra señales de estar experimentando una preocupante burbuja inmobiliaria y mas años de austeridad para Europa. ¿Cómo se financiarán los excesos y la mediocridad? En Wall Street dicen que la clave de los próximos años en la región está en la clase media, pero nuestros gobernantes hacen todo lo posible para acabarla.

 

* Luis Carlos Vélez

 

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