Por: Oscar Guardiola-Rivera

Améxica

El periodista irlandés Ed Vulliamy afirmó en días pasados que “la responsabilidad por las muertes de periodistas y el sufrimiento de los mexicanos recae directamente en el sector financiero de Londres y Wall Street”. Dicha afirmación, hecha en la presentación de su libro en el estado de Veracruz, levantó una polvareda.

No es para menos. El resultado de su investigación periodística de más dos años en la frontera mexicano-americana ha confirmado lo que muchos sospechaban: desde el comienzo de la crisis financiera del 2008, si es que no antes, los bancos han incrementado su involucramiento en el lavado de enormes cantidades de dinero asociadas al narcotráfico.

Vulliamy presentó evidencias de dos casos concretos: uno, el de Wachovia, un banco estadounidense con sucursales en las principales ciudades del país, que fue sancionado por no monitorear la entrada a sus sucursales de miles de millones de dólares provenientes de las casas de cambio de la frontera sur. La multa, aunque millonaria, no representó más que una fracción de la cantidad de dinero ingresada por la institución bancaria. “Ni un solo caso criminal se ha abierto. Nadie irá a prisión”, me dice Ed, “entre tanto, miles de mujeres serán asesinadas en la frontera, la corrupción se profundizará y el recién elegido gobierno del PRI intentará lograr de nuevo un acuerdo que imponga la pax mafiosa, como en el pasado”.

El segundo caso, menos conocido y más escandaloso, involucra al banco británico HSBC. El autodenominado “banco global”, cuya publicidad adorna los corredores de entrada al aeropuerto Heathrow de Londres, fue hallado culpable de hacerse el de la vista gorda mientras billones de dólares entraban a sus sucursales en Wall Street, provenientes de México y a través de su oficina en el Caribe. Dicha oficina es un punto virtual, sin funcionarios, cuya función parece ser la de servir de punto intermedio para el transporte de toneladas de dinero en efectivo.

Un vez más, el banco se limitó a pagar una penalización relativamente insignificante, al tiempo que sus funcionarios le hacían la vida imposible al testigo que denunció las irregularidades en los controles de entrada de dinero. Se trataba de un funcionario contratado por el propio banco para fortalecer los controles de lavado de activos.

En un boletín de prensa, el HSBC afirmó “haber aprendido al trabajar junto al departamento de Estado de los Estados Unidos, de manera que en el futuro este tipo de irregularidades no vuelvan a presentarse”.

Cuando alguien es atrapado contrabandeando en la frontera, la pena puede ser de hasta quince años de prisión. En cambio, quienes ingresan billones de dólares fruto de asesinatos y corrupción salen con una palmadita en la mano. “¿Y el director de HSBC?”, pregunté a Ed. “Lo nombraron ministro de Comercio”.

 

* Óscar Guardiola-Rivera

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