Por: Hernán Peláez Restrepo

Amistosos y...

Lo vimos, analizamos y cada uno sacó su conclusión, pero realmente quien debe aprovechar estos pequeños microciclos de juegos amistosos es el técnico Carlos Queiroz. Ante el válido reclamo de poco tiempo para trabajar con los jugadores convocados, es de obligatoriedad aceptar la preocupación o tranquilidad ofrecida ante Brasil y Venezuela.

El cuento aquel de titulares y suplentes es cierto. Es claro que los técnicos no admiten esa verdad, para mantener estable el estado anímico de sus jugadores. Esa es una herramienta necesaria. Pero quienes no estamos dentro del meollo del asunto sí podemos aseverar que en la actual selección hay jugadores que ofrecen confianza en su trabajo. Por eso David Ospina, Yerry Mina, Dávinson Sánchez, Wílmar Barrios, Stefan Medina, Juan G. Cuadrado, Matheus Uribe y los delanteros, Muriel, Duván y Roger, por momentos exhibieron compromiso y competencia.

Si la idea de Queiroz es jugar como lo hizo la selección en el primer tiempo ante Brasil, es necesario derivar en una pregunta básica: ¿jugar en velocidad, aprovechando los costados del campo y hacer transición rápida de la pelota es el nuevo estilo? ¿O aún James Rodríguez o un poco menos Juanfer Quintero tienen opción de desacelerar el ritmo y conseguir mayor precisión en pases?

Ahí, me parece, está la decisión, porque además —y pudo ser una coincidencia— la selección en los dos partidos se “desaceleró” en los segundos tiempos. ¿Razones? Solo Queiroz tiene la respuesta, admitiendo que los rivales también juegan y revisan sus planteamientos.

Pasando a otro tema, la relación de los técnicos con los equipos del torneo local es frágil, endeble. Por lo menos veinte técnicos han salido por la sencilla premisa de malos resultados. El ejemplo patético lo ofrece Bucaramanga. Flabio Torres, Carlos Giraldo, Hernán Torres y hasta Óscar Serrano (e) dejaron su trabajo porque los búcaros no consiguen ser eficaces. El Medellín lo sigue en esa caída: Octavio Zambrano, Alexis Mendoza y Lenny Maturana.

La dirigencia mantiene ese cambalache y manoseo, porque muchas veces los mismos técnicos se prestan a ello. Los contratos los hacen a término indefinido en su mayoría. Sencillamente es un fusible para tranquilizar a los hinchas y a los jugadores, que continúan tan campantes. Son pocos los técnicos que firman contratos a término fijo y los cobran, así los saquen. Recordemos el caso de Bolillo Gómez en Ecuador. No hay proceso, solo urgencia de sobrevivir.

Algún día los técnicos se juntarán, dejarán de lado el egoísmo y unidos podrán dar seriedad a ese oficio. Entre tanto, el resultado será el que dicte el veredicto.

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2019-09-14T21:00:00-05:00

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