Por: Julián López de Mesa Samudio
Atalaya

Anarquía y “capuchos”

En las últimas semanas medios de comunicación y políticos de todas las layas han esgrimido liberalmente la palabra “anarquía” para referirse a las acciones vandálicas que se presentaron durante las manifestaciones estudiantiles de las últimas semanas. Tratando de ocultar los hechos en su completitud y de desvirtuar la protesta estudiantil, los programas de infoentretenimiento de los canales privados de televisión que aún tienen el descaro de llamarse “noticieros” se han encargado de asociar irresponsablemente a todos los estudiantes con vándalos encapuchados (“capuchos” en el argot universitario) y de identificar la violencia con la anarquía.

De otra parte, muchas paredes por donde pasaron las marchas están grafiteadas con el símbolo anarquista más conocido: la letra A que desborda el círculo que la encierra, pintada por algunos pocos manifestantes que abrazan equivocadamente el anarquismo como su bandera.

Como anarquista debo decir que tanto los medios, como ciertos políticos, como algunos, poquísimos, estudiantes entienden mal, y por tanto deforman, el concepto de anarquía.

El anarquismo es una filosofía política con una larga historia y es además una forma de vivir en sociedad en la cual la autogestión, la libertad y la responsabilidad sobre las acciones propias son fundamentales. No es hacer lo que a uno le venga en gana y definitivamente no es sinónimo de caos, como se trata de presentar en los medios. Aunque en su origen, e inspirados por los primeros filósofos políticos anarquistas del siglo XIX como Proudhon, Bakunin y Kropotkin, se validaban las formas violentas de resistir y protestar, a lo largo del siglo XX y XXI el anarquismo evolucionó y se transformó por completo. Filósofos contemporáneos como Emma Goldman, Murray Bookchin y Noam Chomsky, entre otros, han hecho que la acción directa anarquista adopte manifestaciones pacíficas no violentas. Un ejemplo muy conocido de estas formas de protesta anárquicas no violentas lo representó Gandhi haciendo su propia sal y sus propias ropas e incitando a millones a desafiar de esta manera la autoridad y el monopolio del Imperio británico sobre la sal y los textiles.

En nuestro medio ha habido infinidad de procesos de construcción social autogestionada y muchos de ellos les permitieron sobrevivir e incluso prosperar a comunidades durante el conflicto interno. La Comunidad de Paz de San José de Apartadó es tan sólo uno de muchos ejemplos.

Muchos de los encapuchados no son estudiantes, sino agitadores y desestabilizadores ajenos a las urgentes y muy serias causas estudiantiles que los medios, la Alcaldía de Bogotá y las autoridades nacionales tratan de ocultar gritando torpemente: “¡Anarquía!”. La corrupción rampante en la Universidad Distrital y el papel de las últimas alcaldías en esta situación, el incremento exponencial de las matrículas semestre tras semestre en las universidades privadas, los cuestionamientos al Icetex, a Colciencias y a la más que criticable orientación que en los últimos tiempos le ha dado el Ministerio de Educación a la educación colombiana son problemas reales y urgentes que afectan a todos los estudiantes.

Los “capuchos” no representan ni al 1 % de los estudiantes y sus formas no son ni anarquistas, ni están en consonancia con el querer estudiantil. La protesta es necesaria y ha de ser contundente y creativa para que sea eficaz; sin embargo, quienes ocultan sus rostros con su violencia logran desvirtuar cualquier causa dándoles de paso a los medios de comunicación la excusa para seguir desorientando a sus audiencias.

@Los_Atalayas, [email protected]

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2019-10-17T00:00:14-05:00

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Anarquía y “capuchos”

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