Anarquismo progresista

Noticias destacadas de Opinión

En broma he alardeando ante mis amigos de “pitoniso”, porque se han cumplido varias predicciones que he hecho desde esta columna. Aunque en realidad no es que posea el don de la clarividencia. Si logro anticipar el desenlace de algunos procesos sociales y políticos de la actualidad colombiana, es porque la información y el estudio me han cualificado la malicia indígena y el acervo crítico. También porque en la absurda tragicomedia nacional, los protagonistas, en las escenas de rapiñas procodicia y poder, actúan con tal cinismo y descaro que resultan predecibles.

Casualmente, sobre la “Desobediencia civil” que ha propuesto el senador Gustavo Petro, debo decir que yo, en dos ocasiones, me anticipé a proponer este modo de presión social. Primero en 2017 cuando en Cajamarca (Tolima) el 97 % de la población votó contra la nociva extracción de oro en la región, por parte de La Colosa empresa de la multinacional AngloGold Ashenti. Sin embargo, los ministros de Minas, Germán Arce, y de Ambiente, Luis G. Murillo, invalidaron la decisión que la mayoría expresó en la consulta, argumentando que “6.100 personas no tienen la capacidad de romper el Estado Social de Derecho” y que ‘los municipios tienen poder sobre el suelo no sobre el subsuelo”. Ante tal subestimación de la voluntad popular, la historia nos ha enseñado que cuando las acciones de gobierno exceden el poder que la ciudadanía le concede, a los pueblos les corresponde presionar con la Desobediencia Civil.

Insistí en proponer el modo de rebelión pacífica que nos enseñó Henry Thoreau, indignado, iracundo por la desidia como el gobierno colombiano hizo caso omiso a las marchas de miles de santandereanos oponiéndose a la minería aurífera en el Páramo de Santurbán y en cambio le dio licencia a Minesa. Peor de ignominiosa la indignación por la desatención del Gobierno a las manifestaciones multitudinarias que se cumplieron en todo el país el 21-N del año pasado, tan sentidas que merecían valorarse como referéndum inclúyete, en cambio el Ministerio de Hacienda presentó al senado las reforma tributaria y pensional y el Plan Nacional de Desarrollo, sin acoger las exigencias del comité de paro, de los gremios y los estudiantes. Ante tal afrenta consideré la Desobediencia civil como el modo pertinente para obligar la atención del mandatario.

Ahora Petro nos convoca a la Desobediencia Civil porque considera ilegítimo el gobierno de Iván Duque, pues ya son muchas las pruebas del fraude electoral cometido en la región Caribe, en los Santanderes y en Antioquia, por los del partido Centro Democrático, principales de su campaña, en alianza con reconocidos narcotraficantes, quienes en sus respectivas áreas de influencia compraron y manipularnos a los votantes, además de que invirtieron millonarias sumas para impedir que Gustavo Petro alcanzara la Presidencia.

Como era de esperarse, por la osada convocatoria, el líder de Colombia Humana ha sido blanco de ataques difamatorios (”destructivo, incendiario, desestabilizador…”). Gustavo Petro, sin ser anarquista, desde que se desmovilizó del M-19 asumió la participación democrática liderando propuestas alternativas desde partidos y movimientos políticos formales, defensor de la Constitución del 91 y mostrándose respetuoso pero crítico de la institucionalidad. Más debemos reconocerle que declarándose progresista ha sido un político revolucionario. Justamente, el que en estos momentos recurra al modo de protesta que nos legó el legendario Thoreau, demuestra su sagacidad; es la reacción pertinente ahora que el Gobierno, aprovechando las licencias que se atribuyó con la emergencia sanitaria, impide las marchas, las manifestaciones públicas e inocuó el control político de la oposición. La Desobediencia civil es lo propio para conjurarnos la impotencia y detener la raposería que apuran los corruptos mientras la sociedad está confinada.

La práctica de la Desobeciencia Civil no es una formula, adopta maneras distintas según el momento histórico, según la cultura y la realidad sociopolítica del país donde se cumpla. A su modo la realizaron Gandhi y Luther King. La propuesta original de Henry David Thoreau apuntaba al régimen tributario, invitaba a no pagar los impuestos. Petro convoca a no pagar servicios, a que se incumplan labores a modo de paro desde el confinamiento. Creo que la manera en que cada cual participe de esta protesta parte del albedrío, cada cual ha de poner su ingenio apuntando a dónde más les duele, a las arcas del poder.

La virtud ética de este modelo de rebeldía cívica es su inherente pacifismo, se trata de interiorizar el derecho a la protesta y sacudirnos de la opresión, del despotismo, de las tiranías disfrazadas de democracia.

El presidente y su partido saben que tienen la sartén por el mango, sin las molestas protestas proceden a sus anchas; la jugada de Petro los toma por sorpresa, por lo mismo reaccionan atolondrados, hasta sus alfiles en los medios de comunicación balbucean torpemente.

Estoy convencido de que si se dan casos de Desobediencia civil en cabeceras municipales de todo el país, independientemente del número de desobedientes, es un tramacazo al Estatus quo. Sería un golazo histórico de anarquismo progresista.

Comparte en redes:

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.