Por: Antonio Casale

Andrei Arshavin, ese es

En tiempos cuando las portadas de las revistas de farándula, y algunas de deportes, venden y venden y no dejan de vender cuando Cristiano Ronaldo o su novia aparecen rascándose una oreja, o entrando a un restaurante, o tal vez bronceándose en una piscina, y todos lo dieron como el mejor jugador del mundo, aún cuando este rey nos quedó debiendo mucho en la Eurocopa.

En tiempos en que Messi a veces sí, a veces no. Ronaldinho se dedicó a la parranda, El Niño Torres no termina de ponerse ese cetro a pesar de sus goles en el Liverpool y su notable actuación en la Euro.

 Aparece un jugador ya curtido para tener en cuenta e incluirlo en el racimo de candidatos al mejor del mundo, que a sus veintisiete años siempre ha jugado en el mismo equipo, tan desconocido para la mayoría como su propio nombre, el Zenit de San Petersburgo, sorpresivo campeón de la copa Uefa,  liderado por este menudo  jugador que también, cuando apareció, recién en la tercera fecha, le dio otro semblante a la Rusia de Guus Hiddink en esta Euro. Su nombre, no lo olviden, es Andrei Arshavin.

No es tan bonito como Cristiano Ronaldo, ni tiene las mechas llamativas de Ronaldinho, ni mucho menos, la historia cinematográfica de cómo le metieron algunos centímetros de más a la estatura de Messi.

Es un jugador de 1.72 m de estatura, nacido en Leningrado, quien desde su adolescencia hizo parte de la cantera del Zenit, siendo ascendido al primer equipo en 2000. En 2006, lejos de las tapas de los principales periódicos del mundo deportivo, fue elegido como el mejor jugador de la liga rusa.

Es un media punta o segundo delantero, que junto a Roman Pavliuchenco y Yuri Zhirkov, está construyendo una historia que parecía imposible tras la goleada en la primera fecha a manos de España, duelo que volverá a repetirse en semifinales, pero esta vez con Arshavin en la cancha, después de una suspensión que lo tuvo por fuera de los dos primeros partidos.

Desde luego, Arshavin ya hace parte de los principales tabloides europeos, suena insistentemente para reforzar al Tottenham o al Newcastle de Inglaterra. Tras ocho años de carrera silenciosa, tal vez esa sea la base sobre la cual pueda construir un reinado que dure algunos años, como en los viejos tiempos. Habrá que esperar, porque para ponerle la corona faltan dos importantes escollos por superar, España, y Alemania o Turquía, para poder entrar en la historia definitivamente. Con corona o sin ella, a partir de ahora hay que incluir en la selecta bolsa de los mejores del mundo al hasta hoy poco mediático Andrei Arshavin, el nuevo zar ruso

 

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