Por: Julio César Londoño

Andrés carne de burro

Estuvo de antología el programa radial Hora 20 del miércoles. María Teresa Ronderos, Paloma Valencia, Roy Barreras y Néstor Humberto Martínez debatieron el plato de la semana: la presunta violación de una joven la noche del 2 de noviembre en el restaurante Andrés Carne de Res y las “desafortunadas” declaraciones de su propietario: “Si una niña va con minifalda y sobretodo a un bar, ¿a qué está jugando?”.

Haciendo gala de una mesura ejemplar, los cuatro panelistas coincidieron en que era injusto lo que se estaba haciendo con Andrés. Ronderos dijo que estábamos ante un linchamiento mediático; que él no era así; que no estaba acostumbrado a hablar en radio; que estaba nervioso. Martínez dijo algo sobre “vender el canapé”, es decir, que Andrés fue apenas el sofá, no el violador. Una profunda reflexión. Roy Barreras puso la nota seria al recordarnos las espeluznantes cifras de la violación en el país. Miles al año, dos cada hora...

Aunque habló muy poco, Paloma Valencia no ocultó su indignación por el maltrato a la mujer. Los cuatro coincidieron en que era un caso inflado porque se trataba de una “violación de estrato alto”, y agregaron una observación muy original: la violación es una infamia.

Es difícil escuchar tantas sandeces juntas, incluso en Hora 20. Veamos. Señora Ronderos: cuando Andrés Jaramillo o cualquier calvo despelucado y decadente dice “negro”, debemos entender “negro”. No “blanco” ni “gris”. Es un señor mayorcito, que tuvo más de una semana para pensar sus declaraciones, y no necesitamos que ningún sesudo panelista nos diga ahora que lo que él quiso decir es que las niñas en minifalda son puras. Repuras. Cuando estamos ebrios o alterados, o improvisando, María T., decimos más verdades que cuando estamos sobrios o cuando nos dan tiempo para preparar una declaración. Lo decimos de la peor manera, sí, pero son verdades.

Señores de Caracol: invitar a un foro sobre sexo a Néstor Humberto, o a Godofredo Cínico Caspa, no tiene el menor sentido.

Ahora, invitar a hablar de moral a Roy Barreras, lo reconozco, fue un magnífico chiste. Demostrando que es un hombre de armas tomar, volvió a defender su célebre propuesta de castrar a los violadores. Como quien dice, ¡cortar por lo sano! Después explicó que el tema de la sexualidad necesitaba pedagogía, pero no nos dijo si necesitamos clases de sex-parking, o que nos recuerden que la violación es un tris antirromántica, o qué es eso de la “castración química” y cómo hacerla en casa con botiquín básico. Ah, también deberían explicarnos cómo aliarnos con un pastor homosexual para conseguir miles de votos a cambio de legislar contra los homosexuales en el Senado.

En medio de su indignación, Paloma Valencia olvidó contarnos cómo hace para ser copartidaria de Fernando Londoño Hoyos, ese Demóstenes criollo que encubrió a un enfermero violador del club El Nogal en noviembre 2 de 2002 (¡vaya coincidencia!). Y copartidaria del procurador, un señor que suele limpiarse el asterisco con los derechos sexuales de las mujeres cada que lo traiciona un muchacho.

Como ya nos aclaró que cuando dice “negro” significa “blanco”, ahora don Andrés Jaramillo debe decirnos por qué tapó el caso durante diez días y por qué los videos que entregó a la Policía parecen editados, y la Policía debe explicar por qué tardó diez días para entregarlos a la Fiscalía.

Tres observaciones finales: a) cuando una mujer se pone una minifalda, señor carne de burro, es probable que busque sexo, pero del bueno; b) el sobretodo no es una prenda provocativa; c) ¿con qué criterio se eligen los panelistas de la ranqueadísima Hora 20? ¿Es suficiente que sean ruidosos, populares y antagonistas?

 

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