Por: Cecilia Orozco Tascón

Andrés Felipe Arias: obras son amores…

Los simpatizantes del exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias están en campaña para presentarlo como víctima de persecución del Gobierno Santos o como ciudadano atropellado “por una Corte Suprema enemiga” que le impuso una condena “demasiado alta” (17 años de cárcel) puesto que “no se robó ni un peso”. Los defensores de Arias pretenden incidir en el ánimo de la opinión nacional y, desde luego, en el Gobierno Trump para que este presione, a su vez, a las cortes estadounidenses que deberán fallar, pronto, si extraditan al fugitivo excandidato presidencial o no, a Colombia. Sin embargo, estos personajes de elaborada cultura —piensen ustedes, no más, en el exrector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman—, no se tomaron el trabajo de ejecutar bien su tarea, qué pena decirlo: no rebaten los hechos ocurridos en desarrollo del programa Agro Ingreso Seguro (AIS) para “volver trizas” la sentencia en su contra, si eso es lo que quieren. Parrafadas sin sustento fáctico, no liquidan las culpas preestablecidas en los códigos penales.

Refresquemos el pasado que condujo a Arias, de la encumbrada posición en que estaba, como heredero de la Presidencia de Álvaro Uribe, a su precaria condición de hoy, entre fugitivo de la justicia colombiana y extraditable de la justicia norteamericana:

En septiembre de 2009, la revista Cambio descubrió la repartición privilegiada de los dineros de AIS (con una asignación de más de $400.000 millones, en total), creado por el Gobierno Uribe para “reducir la desigualdad en el campo”. La revista denunció que ese año en que se iban a entregar $72.000 millones en “subsidios no reembolsables”, es decir, regalados a los beneficiarios pobres del agro, solo 100 proyectos recibieron la aprobación del Ministerio de Arias. Entre estos, Cambio halló una lista escandalosa: $306 millones para la reina Valerie Domínguez; $448 para la reina del Mar 1999, Ana María Dávila; $435 millones para Juan Manuel Dávila Fernández de Soto, novio de la primera y hermano de la segunda; el padre del afortunado “agricultor”, Juan Manuel Dávila Jimeno, recibió $445 millones y su esposa, María Clara Fernández de Soto, obtuvo, para disminuir la desigualdad rural del Magdalena, la suma de $440 millones. En total, la rica familia Dávila llenó sus cuentas en 2009 con más de $2.200 millones de los campesinos sin un peso. Otros beneficiarios no eran menos notables que los Dávila: los Lacouture Dangond y Lacouture Pinedo, familiares entre sí, obtuvieron $5.235 millones; los Vives Lacouture, más de $5.000 millones. Los Vives Pinedo, más de $1.000 millones. Del Valle del Cauca, María Mercedes Sardi de Holguín, $200 millones, etc. La danza de los billetes.

Cambio, entonces de propiedad de El Tiempo, en cabeza de Rodrigo Pardo y María Elvira Samper, hizo cuatro entregas sobre el tema. El Gobierno Uribe, cuyo ministro de Defensa era Juan Manuel Santos, el supuesto perseguidor de Arias, no resistió la libertad de prensa. El Tiempo, del grupo Planeta, un cercano aliado de Uribe Vélez, cerró la revista y despidió a Pardo y Samper, dos de los más reputados periodistas del país.

La Sala Penal de la Suprema abrió investigación, después de que, en octubre de 2011, la fiscal general Viviane Morales, actual aliada del Centro Democrático, acusara a Arias de los delitos de peculado y de celebración de contrato sin cumplimiento de requisitos legales, conductas cometidas en las circunstancias de mayor punibilidad por “la posición que el procesado cumple en la sociedad”. Significa que había agravantes para las penas, en su orden, de entre ocho y 22 años de cárcel, más un incremento si el dinero comprometido superaba un monto; y entre cinco y 18 años, más incremento por el cargo del ministro. En una sentencia de 400 páginas que ninguno de los escuderos del exministro ha leído, este fue condenado a 17 años (en ningún modo, la mayor pena), impuesta por la Sala Penal de la época, en pleno y sin oposición a la ponencia de la magistrada María del Rosario González, quien, para refrescar la memoria de los que la critican a ella en vez de al delincuente, archivó un proceso por injuria a María Fernanda Cabal. Obras son amores y no buenas razones.

 

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