Por: Mauricio Botero Caicedo

Anhelos y aspiraciones para el 2018

Mañana lunes 1° de enero se inicia el 2018, un año lleno de expectativas e incertidumbres. No siendo clarividente, el autor de esta nota se limita a vaticinar que poco empleo se va a crear y menos inversión va a materializarse antes del 27 de mayo del 2018. Pero no hacer predicciones no es óbice para tener anhelos y aspiraciones.

—Anhelo que el 2018 sea el año en que se destierre el maltrato a la mujer, el acoso sexual de toda índole y el matoneo, incluyendo el laboral. El Estado tiene la obligación de perseguir y castigar a todos los victimarios, acosadores y matones; y el hecho de que algunos hagan parte de la cúpula de las Farc no es, ni puede ser, obstáculo para que no rindan cuentas ante la justicia. Que el Gobierno promueva que señalados vejadores de mujeres lleguen al Congreso lo arropa en vileza.

—Aspiro a que en el 2018 haya bastante más respeto por el dinero de los contribuyentes. La consulta del Partido Liberal, en la que para escoger uno de dos candidatos se despilfarraron $40.000 millones, es el típico ejemplo de irrespeto por los escasos recursos del presupuesto. Otros dos partidos (con bastantes más candidatos) resolvieron —en cuestión de horas— sus consultas internas sin afectar a los contribuyentes. Ejemplo adicional de falta de respeto por los fondos públicos es la pretensión, sin ningún sustento gramatical o idiomático, del representante Alirio Uribe del Polo obligando a la Alcaldía a gastar una fortuna modificando el mensaje de que la ciudad es para todos… y todas.

—Anhelo que el gobierno que entra el 8 de agosto liquide aquellas instituciones como el Fonade, entidad que en su día se concibió como una agencia para el desarrollo de proyectos, pero que se ha metamorfoseado en el botín de los políticos corruptos. La misión del Fonade es estructurar proyectos, pero el 84 % de los convenios que hace tienen como objetivo, para ordeñar la entidad con mayor facilidad, la gerencia de proyectos. El solo convenio para construir cárceles costó 26 veces más de lo presupuestado.

—Aspiro a que en el 2018 se les ponga cortapisa a los “trampolinistas”, aquellos funcionarios que usan sus cargos no para cumplir la tarea que se les ha encomendado o la función legislativa para la cual fueron electos, sino como catapultas para avanzar sus propias ambiciones personales. El costo para los contribuyentes de estos “trampolinistas” es alto, porque o comprometen al Estado a sufragar gastos más allá de sus posibilidades, o ejecutan decisiones insensatas que implican costosas demandas contra el erario. Aparte del expolio a las finanzas nacionales, los “trampolinistas” no tienen el menor pudor de matonear al sector privado, con tal de que dicho matoneo les ayude a escalar al cargo que ambicionan. ¡Y al que le caiga el guante, que se lo chante!

—Finalmente, para morigerar las interminables demoras e incomodidades que tienen que sufrir los pasajeros, el autor anhela ver al Gobierno inaugurando —en vez de pomposos centros comerciales— equipos modernos que permitan que el tráfico aéreo fluya en los aeropuertos. Y mientras El Dorado requiere con urgencia más radioayudas y menos “duty frees”, más controladores aéreos y menos vendedoras de perfumes, a los pasajeros, quiéranlo o no, se les obliga a transitar en medio de dichos “malls”. Para la administración parece ser secundario que un aeropuerto cumpla con su función principal, que es el oportuno despegue y aterrizaje de aeronaves.

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