Conversatorio de Colombia 2020

hace 7 horas
Por: Columnista invitado

Animales urbanos

Hace pocos días iba hacia a mi casa por la carrera 15 e intentaba pasar del carril derecho al izquierdo para cruzar y bajar por El Virrey.

 Ponía la direccional, y ahí mismo el carro diagonal a mí aceleraba para que yo no pudiera meterme, como si se tratara de una carrera. Después de varios intentos, me dieron vía... ¡Por fin!

Era hora pico, así que venían por la 15 muchos peatones afanados que intentaban cruzar la calle del Virrey. Ninguna de las camionetas grandotas delante de mí les dio paso a los peatones que querían cruzar. En esa esquina no hay cebra ni semáforo, así que dependen del tráfico o del buen gesto de un conductor. ¿Qué afán? Paré, frené y les hice señas con mi mano para que cruzaran. Eran aproximadamente ocho peatones agradecidos y sorprendidos levantando el pulgar.

Por un gesto tan básico agradecemos infinitamente porque no estamos acostumbrados a que el colombiano común piense en el otro. Reina el I Love Me en Bogotá: primero yo, segundo yo, tercero yo. Ahora entiendo porqué cuando estoy en otros países los conductores me miran con sorpresa cuando les sonrío intensamente después de que frenan para darme paso.

Pasaron los peatones y seguí mi recorrido con paciencia esperando a que se moviera la fila de carros que baja a esa hora por el parque El Virrey. De repente dos taxis me pasaron haciendo doble fila. Yo sólo pensaba: ¿qué pasa si un carro que sube por el carril contrario aparece en este momento? Efectivamente, llegó el carro, no tenía cómo pasar porque dos “vivos” estaban en contravía.

El trancón seguía, ningún carro andaba, así que me distraje mirando hacia el parque y de repente vi a dos palomas que picoteaban en el andén. Se daban un festín con boronas. A los pocos segundos llegó una tercera paloma y una de las que estaba antes se le lanzó con el pecho cual hombre alzado; la otra no tuvo otra opción que echarse hacia atrás. Y así me divertí en el trancón viendo cómo tres palomas se enfrentaban por la comida. Después me quedé pensando que todos en el trancón actuaban como esas palomas, como ciudadanos egoístas, animales urbanos que sobreviven sin pensar en el otro, bajo el lema de I Love Me.

 

 

Paula Guerra*

 

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