Por: Patricia Lara Salive

¡Añorando a Chávez!

El margen estrecho obtenido por Nicolás Maduro, y su radical actitud, dejó a Venezuela en una crisis sin salida a la vista.

¡Es que para superar semejante situación se requiere, paradójicamente, de un presidente con un liderazgo como el de Chávez, que está muy lejos de tener Maduro, quien no ha hecho más que patinar: primero aceptó que se realizara el recuento de votos solicitado por la oposición, luego retrocedió, pero más tarde afirmó que aceptaría la decisión que al respecto tomara el Consejo Electoral.

Por su parte Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, muy cercano a los militares, radicalizó aun más su lenguaje y ¡llegó a afirmar que quien tenía frenada la revolución era Chávez!

Mientras tanto, el descontento crece y el tono va in crescendo: Maduro amenazó con radicalizar la revolución y acusó al candidato opositor, Henrique Capriles, de incitar a la violencia y al golpe de Estado. Y se rumora que ya le dictaron orden de captura a Capriles. ¡Eso equivaldría a poner al país al borde de la guerra civil y, por ende, del golpe de Estado!

Con esa actitud, el gobierno de Maduro, sobre cuya elección recaen casi tres mil quejas de posibles casos de fraude puestas por la oposición, aumenta su debilidad, justo en un momento en el que tiene que emprender un inaplazable y severo ajuste económico y enfrentarse al descontento que generará entre su propia gente la reducción del gasto público y, por ende, de muchos de los beneficios a los que la acostumbró Chávez.

Al negarse al reconteo de votos y al emplear ese tono agresivo, Maduro le ha cerrado la puerta a la única salida sensata que tiene la situación: la de llamar a la concertación y al diálogo entre esas dos mitades en las que está dividido el país. Por esa razón, las esperanzas se centran ahora en el poder de convencimiento que sobre Maduro tengan los presidentes de Unasur reunidos en Lima para discutir el tema, y en la mediación que pueda hacer en este caso la comunidad internacional.

Como decía el escritor venezolano Óscar Marcano, en un artículo publicado hace unos días en este periódico, el gobierno postChávez tiene tres posibilidades: profundizar el proceso, estabilizarlo o revertirlo. “Profundizarlo, afirmaba, sería ponerse una venda en los ojos y dar por exitoso un modelo que no parece sustentable en el tiempo. (…) Revertir sería absurdo: significaría desmantelar políticas y programas bandera, y eso resulta inverosímil. Estabilizar sería lo más sensato. Representaría evaluar lo positivo e iniciar por fin un proceso de acercamiento al resto de la sociedad. A la mitad del país que los adversa y ante la que han vivido a espaldas (…) Esta, a todas luces, constituiría la opción más lúcida”.

Pero para emprender ese camino se requeriría de una claridad política y de un liderazgo que le permitiera al presidente llamar a la oposición a concertar un acuerdo mínimo, que garantice la permanencia de la democracia. Se trataría de encontrar una forma de sobrevivir estos años con relativa estabilidad interna y externa. Mal haría Maduro, en momentos en que está debilitado políticamente, en radicalizar el proceso e ignorar a la mitad del país y a los sectores del chavismo que están pidiendo realizar una profunda autocrítica.

¡Dios quiera que San Chávez ilumine a Maduro! Y que Capriles tenga la habilidad para ponerlo contra las cuerdas y llevarlo a dialogar. ¡Ojalá sea así por el bien de Venezuela, y por el de Colombia, donde nos afecta cualquier crisis del vecino!

Buscar columnista

Últimas Columnas de Patricia Lara Salive

Gracias, presidente Santos

Prefiero a Petro

Iván Duque, ¿su padre hizo esto?

El voto en blanco: ¿bobada o cobardía?

¡Agradézcale a la JEP, señor fiscal!