Por: Julián López de Mesa Samudio

Ante el abuso policial: Orwell a la inversa

HACE UNAS CUANTAS SEMANAS, MI amiga Lina sufrió una de esas experiencias que nadie debería tener; de aquellas que mezclan lo absurdo con lo trágico y que serían hasta graciosas si no llevasen consigo, además, una alta dosis de peligro.

Habiendo presenciado un atraco en la estación de Transmilenio de la Avenida Jiménez, Lina se encontró con un par de policías unas cuadras más adelante. Estos se hallaban cumpliendo con su deber, que no era otro que mover a una señora y a su carrito de jugos de la vía pública. Al ser requeridos por Lina, los policías al principio la ignoraron; ante su insistencia, molestos quizás porque la urgencia de mi amiga ralentizaba su trascendental tarea, procedieron a encararla y a pedirle documentación y datos personales. Cuando ella les preguntó para qué querían su dirección, los policías le respondieron que para hacerle una “visitica”. Mi amiga, por supuesto, quedó aterrada y no supo cómo reaccionar. Molesta con la situación y un poco consigo misma ante la sensación de impotencia, compartió la historia en su perfil de Facebook.

Desgraciadamente, en la Bogotá de hoy, incidentes de este tipo parecen ser cada vez más habituales. Lo cierto es que casi todos hemos tenido, en mayor o menor medida, la sensación de impotencia que deja el abuso policial. Para mí, uno de los más comunes e indignantes es el que consuman los escoltas de políticos y otros “importantes” por las calles de la capital, atravesando motos en vías, obstruyendo el tráfico, amedrentando a conductores y peatones con su despliegue de fuerza y camionetas mafiosas de vidrios polarizados y, en general, abusando de su poder en aras de que el personaje al que cuidan llegue a su destino más rápido que quienes con nuestros impuestos subsidiamos su ostentoso estilo de vida.

¿Qué hacer? ¿Denunciar? Hacerlo no sólo es inútil, sino que muchas veces es peligroso por la amenaza de la “visitica” y perspectivas similares. Esto siempre ha pasado, se argüirá. Quizás sí. Sin embargo, las circunstancias han cambiado gracias a la tecnología que nos permite a nosotros, los ciudadanos, ejercer un control eficaz y una vigilancia inmediata sobre quienes nos han de proteger. La prueba de este cambio en las dinámicas de control se refleja en el colosal debate de los últimos meses relacionado con el abuso policial en los Estados Unidos. Los videos de Walter Scott en Charleston, Eric Harris en Tulsa, Eric Garner en Nueva York, Michael Brown en Ferguson, y muchos otros, en los que ciudadanos del común grabaron a la policía actuando reprochablemente, han hecho posible profundos cambios institucionales y legales, probando cuánto poder cargamos con nosotros en el bolsillo y cuánto pueden cambiar las cosas si finalmente ejercemos dicho control sin temor.

¿Qué hacer?, se preguntaba indignada Lina. Basta con tomar fotos o videos y propagarlos por la red. Eso es todo. Y esa es la invitación que le extendemos a todos los lectores. No permitamos que quienes nos han de garantizar la seguridad nos amedrenten; no dejemos pasar más abusos estatales y en especial policiales. Ejerzamos el control pues tenemos las herramientas para hacerlo nosotros mismos. Se trata del mundo que Georges Orwell imaginó en 1984, pero a la inversa: el poder del control y la vigilancia está en nuestras manos. Tenemos diez millones de cámaras en Bogotá y las plataformas de internet para que todos nos enteremos de inmediato. Usémoslas.

 

@Los_Atalayas

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2015-05-20T23:43:36-05:00

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