Por: Salomón Kalmanovitz

Antes y después del Bicentenario

EL DEBATE SOBRE EL ALCANCE DE la independencia se nubla si no se entiende el régimen colonial y cómo fue transformado por las acciones de los criollos y por las movilizaciones de indígenas, mestizos y esclavos a lo largo del tiempo.

La primera característica del gobierno de España era el absolutismo de las casas reales que la gobernaban a ella y a sus colonias. Aunque con algunos elementos pactistas entre el rey y su pueblo, al que debía consultar asuntos trascendentales como nuevos impuestos, no había representación de los afectados y las leyes eran decretos reales. La sociedad colonial estaba dividida en castas, cada una con un régimen legal especial, más los fueros especiales de curas, militares, comerciantes y artesanos. El principio de igualdad frente a la ley era subversivo y los privilegios de la cúpula estaban protegidos por la “pureza de sangre”.

Para acceder a cargos públicos, a la universidad, a la oficialidad o para contraer matrimonio había que presentar pruebas de que por muchas generaciones el agente no tenía mezcla en su torrente sanguíneo de moro, judío, indígena, negro o mestizo. Debía demostrar que sus ancestros no habían sido sometidos a conversiones forzosas al catolicismo. Obviamente había monopolio religioso y las personas que obedecieran otros credos podían ser juzgadas, torturadas, ejecutadas y expropiadas por la Inquisición.

El Estado asumía para sí el monopolio de las producciones más rentables y “estancaba” el tabaco, el aguardiente, la sal, los naipes, la pólvora y el mercurio, o sea que los adquiría exclusivamente a un precio fijado arbitrariamente y los vendía muy por encima. Por lo demás, los impuestos eran altos y fueron crecientes pa ra financiar la defensa del imperio español contra Inglaterra y Francia, a lo que se le añadía el diezmo que recaía sobre la producción agropecuaria. En 1800 hemos podido estimar que más del 12% del PIB novogranadino financiaba el gobierno y el culto, lo que en una sociedad preindustrial era una carga muy onerosa que frenaba su desarrollo económico. Por último, los monopolios de Sevilla y Cádiz limitaban el comercio y lo encarecían considerablemente, lo cual fomentaba el contrabando, que fue la primera luz para los criollos de lo favorable que sería la liquidación de su condición colonial y la adopción del libre cambio con la nueva potencia capitalista de Inglaterra.

La Independencia establece formalmente la igualdad frente a la ley, algo que a la fecha no se ha realizado pero en lo que se ha avanzado. Los indígenas dejan de ser tratados como infantes, los mestizos logran ocupar posiciones en el Ejército, algunos negros también, así como en la nueva burocracia estatal, que por cierto era poco educada. Carlos Contreras, un historiador peruano, lo ha expresado así: con la Independencia ganaron los buenos pero administraron los malos. Fue significativo que la esclavitud comenzó a liquidarse.

Proliferaron las constituciones escritas, que eran compromisos de largo plazo entre partidos y clases y no pactos implícitos con una autoridad implacable. Se establece la separación de los poderes, que en el caso de la Nueva Granada crea sistemas de justicia relativamente independientes de un poder ejecutivo que heredó rasgos del absolutismo español. Se estableció también la rotación del poder. Quizás en lo que más nos tardamos fue en aceptar que la religión católica no tenía por qué ejercer su monopolio sobre la población.

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