Por: Cartas de los lectores

Antilíderes y líderes

Antilíderes y líderes

A menudo se cataloga a ciertas personas como líderes, muy a pesar de que encarnan antivalores o sienten animadversión por sectores inmigrantes y, más aún, porque se apartan de estilos y formas de gobernar en democracia. De allí que sea necesario distinguir entre antilíderes y líderes. En efecto, los antilíderes piensan en un marcado interés para sí mismos y para un grupo en particular. Privilegian lo material, representado en dinero, intereses perversos o propósitos deleznables, reforzando lo anterior con simple retórica, promesas a incumplir y mentiras. Igualmente, personifican autoridad y hasta cuentan con popularidad, pero no dan ejemplo de un comportamiento ético y de respeto a la separación de poderes y al Estado de derecho. También dan muestras de insensibilidad ante los problemas de comunidades vulnerables, incluso hasta llegar a humillarlas, ya sea en público, ya en privado. Además, los antilíderes se aprovechan de las necesidades del común y de la poca formación que tienen, a fin de seguir consolidando poder, y de la falta de escrúpulos para conseguir electores, aliándose en ocasiones con personas del bajo mundo. Asimismo, los antilíderes se caracterizan por su pensamiento autoritario, y con ello restringen el derecho a disentir. Y acuden al miedo con el fin de convencer a un vasto sector de que otras opciones políticas sean tenidas como una amenaza para el país, estimulando la manipulación a través de diferentes medios.

En sentido contrario, los verdaderos líderes son transparentes, provocando admiración y respeto por el conglomerado, sin caer en una actitud ciega por parte de los gobernados. Abrazan la idea de unir y no dividir, tanto en lo que predican como en su ejercicio. Se les reconoce su autoridad en función de su visión sociopolítica y sencillez en sus actitudes. Los líderes no le apuesta al miedo, sino a la gestión y autogestión de las personas, contando con capacidad para estimular y desarrollar la convivencia pacífica entre toda una población y el reconocimiento y la garantía de los derechos de todos sin exclusión. Su pensar descansa en argumentos sólidos y acordes con su visión, proactivos, abiertos al diálogo, al disentimiento y a la reflexión iluminadora y serena. Su condición social y humanista los hace ajenos a una ciega lealtad o sumisión en relación con otro u otros, propugnando por un estilo democrático y afianzando la confianza en el conglomerado. Privilegiando los intereses de la nación en sus riquezas naturales y el cuidado por el medio ambiente, reivindicando la cultura y la tradición de los grupos étnicos y su modo de vida, y promoviendo proyectos de vida en sus comunidades. Identificados con los diseños y la ejecución de políticas públicas, tratando con ello de cerrar brechas entre lo rural y lo urbano, mejorando de paso la calidad de vida de los asociados, así como también proponiendo modelos de prevención social, como una vertiente integral de la seguridad pública. Respetuosos de la separación de poderes y ejemplo de futuras generaciones.

Edgardo Enrique Salebe Morr.

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