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hace 27 mins
Por: Saúl Pineda Hoyos

Antioquia: las vías de la equidad

En Antioquia se ha construido una fuerte institucionalidad en los últimos 20 años, como consecuencia del diálogo entre los actores públicos, privados, académicos y sociales.

Esta búsqueda de convergencia plural se ha expresado en procesos, como el Plan estratégico de Medellín y el Área Metropolitana, la visión Antioquia Siglo XXI y el Plan Estratégico de Antioquia, cuya formulación se inició desde mediados de los noventa. En la última década deben destacarse procesos similares como el
Pacto por la Equidad y el Plan Regional de Competitividad. Todos ellos con disparidades en el grado de democratización de sus actores e interlocución con las políticas públicas regionales. En el periodo más reciente, ha resultado visible el interés por dotar estos esfuerzos con ejercicios complementarios, entre otros, los lineamientos para el ordenamiento territorial de Antioquia (LOTA) y el Plan Director BIO 2030, así como los planes subregionales para Urabá y el Oriente antioqueño.


Debe reconocerse que se han obtenido consensos significativos en torno a temas clave, en medio del acecho de los actores violentos. Entre ellos, la innovación en las estrategias públicas y privadas, la urgencia de la integración de políticas entre el Valle de Aburrá y el departamento, así como un acuerdo en torno a la pertinencia del proyecto de las “Autopistas de la montaña” y su forma de ejecución.


Menos consenso se advierte en el impacto esperado de esta megaobra —que hoy se estima en un costo aproximado de 15,5 billones de pesos a precios de 2008— sobre el desarrollo de Antioquia y su aporte a una competitividad con inclusión social y cohesión territorial.


Cabría recordar que Antioquia, gracias en gran medida a la pujanza de sus emprendedores y al trabajo de sus instituciones regionales, hace parte de los cinco departamentos que en el período 2002-2010, según cálculos del MESEP-DNP, habrían reducido su pobreza a una mayor velocidad. Pero al mismo tiempo, durante estos mismos años, se consolidó en el grupo de los cinco departamentos con mayores índices de desigualdad. A ello hay que agregar las fuertes disparidades subregionales, como consecuencia de la concentración económica y demográfica cercana al 60% del Valle de Aburrá.


En consecuencia, el momento parece propicio, no sólo para pensar en las autopistas de la competitividad sino también en los grandes “ejes de la equidad” y de la ocupación legítima y ordenada del territorio.


*Director Cepec, Universidad del Rosario

 

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