Por: Antieditorial

Aplacemos elecciones

Por Pedro Conrado

En respuesta al editorial del 17 de septiembre de 2019, titulado “Elecciones bajo amenaza”.

Es una tontería estar pensando en elecciones, gastando el significado de las palabras, peleando por ser los primeros, mientras hay una máquina asesina acribillando los candidatos.

Ahora no recuerdo, pero después de la Segunda Guerra Mundial hubo gentes que dudaron de la existencia de Dios y escritores que pusieron en duda la eficacia de la literatura y la poesía. ¿Para qué –dijeron- seguir escribiendo poesía en medio de la muerte? Me pregunto: ¿vale la pena elegir a nuestros gobernantes en medio del crimen? Creo que no. Es hora de parar esta masacre política.

Las elecciones dejaron de tener sentido si la vida de los que aspiran está en juego en el proceso de elección electoral de octubre. Nadie que tenga tres dedos de frente y que sea sensato proseguirá con los riesgos de la matanza. No es uno ni tres, son más de seis y cada tres días. Antioquia, Cauca, Norte Santander… Todo está desgastado en el país, incluyendo los deseos (… no (se) puede regresar a la violencia como herramienta para intervenir en las elecciones). ¿Quién detiene la violencia y cómo? Hasta hoy el Estado ha estado debilitado, impotente, enfermo de parálisis para detener el crimen. No se ve la voluntad política de los que gobiernan por ninguna parte. Porque antes de estos crímenes políticos mataban y todavía siguen matando los líderes sociales. Todo se inició en el crimen contra los líderes de tierra y de derechos humanos. Nos hicieron creer que era un ensayo. Pero no, era el plan para matar a los enemigos del régimen. “Hay que sacarle el agua al pez”, siguen diciendo para poder sobrevivir entre los enemigos de la subversión. No puede quedar uno vivo, y todos tienen que escarmentar, incluso la sociedad civil.

No vengan ahora a seguir hablando de democracia. ¿De cuál democracia hablan? Si quieren salvar lo que queda de ella, hay que posponer las elecciones el tiempo necesario para dominar las fieras ilegales y ordenar la casa. Pero para ganar todos. Sin condón ni pío. El país está sobrediagnosticado. Todos sabemos lo que pasa. Aspirábamos que el nuevo gobierno iba a parar la masacre. Pero la enfermedad se ha carcomido todo, hasta el cerebro de nuestros gobernantes. Asombra la parálisis, pero también la insensibilidad, la falta de empatía con los líderes sociales, con los que hacen política. La sensibilidad política y social ha sido intercambiada por la distopía e incluso hay factores que nos hacen pensar en el síndrome social de la sociopatía. Independientemente de las elecciones, el país y la sociedad no pueden continuar así, como si este estado de violencia no fuera con ella.

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2019-10-07T00:00:52-05:00

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2019-10-07T00:15:02-05:00

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