Por: Adolfo Meisel Roca

Apostando por los mejores

RECIENTEMENTE SE PUBLICÓ LA lista de los becarios del programa Fullbright-Colombia para 2010.

Un total de 49 jóvenes colombianos fueron becados para realizar programas de maestría o doctorado en universidades de excelencia en Estados Unidos. Una revisión de los seleccionados muestra una gran heterogeneidad de orígenes, por regiones y universidades. Entre éstos hay 11 afrodescendientes y dos indígenas. Los programas que seguirán también son muy variados: ciencia política, derecho comparativo, educación, ciencias ambientales, artes visuales, demografía, jazz, inmunología e ingeniería hidráulica, entre otros.

Me complació registrar que siete de los escogidos, 14%, provienen de la región Caribe, cuyo rezago en la formación de recurso humano de alto nivel es notorio. Muy bueno, por ejemplo, que se becó a Liza Hayes, una raizal sanandresana que estudió en la Universidad Nacional, seccional Caribe, para ir a especializarse en estudios de demografía. El tema del poblamiento está en el centro de la discusión en torno a los problemas económicos de la isla y contar con un científico social experto en la materia será muy útil.

Aunque parezca paradójico, la Fullbright-Colombia ha logrado apoyar a los mejores talentos del país sin consideración de su origen, pues precisamente ha tenido en cuenta ese origen para establecer sus políticas de becas. La mayoría de los colombianos creemos que el talento se distribuye por igual en todo el territorio nacional, en todos los grupos étnicos y por género. Pero como hemos sido desde hace siglos una sociedad marcada por las enormes desigualdades, por ejemplo, tenemos una de las peores distribuciones del ingreso en el mundo y las oportunidades no son iguales para todas las personas. Un caso de ello es el acceso a becas para estudios en el exterior.

Infortunadamente, Colfuturo no ha querido entender lo que la Fullbright-Colombia está logrando con políticas proactivas para buscar el talento. Este año, en la asignación de las becas-crédito de Colfuturo se han vuelto a repetir los patrones de enorme concentración en unos pocos lugares —especialmente Bogotá—, unas pocas universidades y un grupo social entre los cuales hay muchos privilegiados (por supuesto que no todos). Por ejemplo, este año sólo el 6,8% de los beneficiarios, de acuerdo con la página web de esa institución, son originarios de la región Caribe, a pesar de que aquí vivimos el 21% de los colombianos. Recientemente el director de Colfuturo, en carta a este diario, dio unas cifras diferentes, por lo cual parece que el manejo de la información por parte de esa institución es deficiente.

Una de las estrategias universalmente aceptadas para acelerar el crecimiento económico es apostar por los mejores invirtiendo en su formación intelectual. Para ello es necesario diseñar políticas que logren ubicar ese talento para estimularlo. Ese es uno de los éxitos de Estados Unidos, la economía más poderosa del mundo. Qué paradoja que a algunos de nuestros dirigentes empresariales, tan solícitos para pedir exenciones tributarias para los grandes inversionistas o la banca privada, que no han demostrado su utilidad económica, les parezca un exabrupto darle un subsidio a una raizal sanandresana. John Maynard Keynes lo tenía muy claro cuando habló del enorme daño que hacían aquellos que siguiendo ideas mandadas a recoger diseñaban políticas públicas.

 

 

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