Por: Fernando Carrillo Flórez

Apostar a la globalidad

LA INCORPORACIÓN DE COLOMBIA a la agenda global debe ser la principal prioridad de la política exterior en las próximas décadas.

Pues si bien la seguridad continuará en la plataforma de nuestras políticas públicas por varios años más, el capítulo de cierre de la lucha contra los grupos armados no nos puede privar de apostarle al espacio que nuestro país tiene que ganarse donde se toman las decisiones globales. Precisamente porque será en esos escenarios globales donde terminaremos de ganar las batallas contra los violentos. Colombia debe liberarse de su complejo de nación maldita y apuntar a ser protagonista de la política y de la economía global.

Ello se predica aún de organizaciones donde muchos creen que no podemos ser admitidos. En los próximos días debe formalizarse la entrada de Colombia a ser parte del Centro de Desarrollo, uno de los foros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) con sede en París. La Ocde es un ente que hunde sus raíces en el Plan Marshall, que en los años 60 concentraba más del 75% del PIB mundial y que hoy, por el peso de las economías emergentes, representa algo más del 60%. Algo que para algunos parecía una quijotada, pero hoy es un punto de partida clave para iniciar un proceso que debe llevarnos, en un futuro no muy lejano, a ser miembros de esa institución.

El reconocimiento de la importancia de las economías emergentes llevó en los últimos años a México, Corea del Sur y Turquía a ser miembros principales de dicha organización y a que un mexicano –Ángel Gurría— sea el actual Secretario General de la misma. De América Latina, Chile está en fila para incorporarse y Brasil se encuentra en un proceso intenso de diálogo con otros países como China y la India, en la perspectiva de llegar a ser parte de la organización. Hoy es el foro global permanente de mayor trascendencia en el mundo para debatir, comparar e intercambiar políticas públicas que funcionen y orienten a la hora de tomar decisiones; en lo económico, pero también en lo político y lo social.

Son muchas las otras puertas y comités que Colombia debería golpear en esa organización con miras a un involucramiento mayor en la misma. Basta mencionar, por ejemplo, los temas de asistencia efectiva al desarrollo que se ventilan en el Comité de Ayuda al Desarrollo, una instancia que maneja el 90% de la cooperación oficial al desarrollo, que viene de países donantes de la Ocde. O temas del futuro inmediato, como la cohesión social, el cambio climático, el desarrollo local y la innovación en ciencia y tecnología.

Pero no sólo se ocupa de la promoción de los bienes públicos globales, sino del combate a los “males” públicos globales, una tarea que debe comprometer a las instancias supranacionales. Nadie puede desconocer la importancia que hoy juega, por ejemplo, el Grupo de Acción Financiera de la Ocde contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo, y lo que se ha logrado en el marco de la aprobación y puesta en marcha de la Convención de la Ocde contra el soborno transnacional. Esta última ha llevado a que prácticas corruptas ejercidas por algunos países europeos, como las deducciones tributarias por cuenta de comisiones y coimas pagadas en procesos de contratación internacional en otras latitudes, vayan siendo cosa del pasado. En estos dos temas Colombia tiene mucho que decir y el privarnos de participar en esas instancias es un alto costo que debe dejar de pagarse.

Va siendo hora de pensar y actuar en grande más allá de la agenda anacrónica que los grupos violentos quisieron imponer para violar derechos fundamentales, estancar el desarrollo y multiplicar la desigualdad, al rapar a los colombianos varias décadas de lucha por el bienestar.

 

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