Aprender de los errores

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El retraso de los alivios crediticios y tributarios a las empresas y personas que tuvieron que cerrar sus negocios fue el tema de mayor debate esta semana en el país, pues la caja de las empresas afectadas por la cuarentena solo les alcanza para sobrevivir ocho días más.

Las protestas de los empresarios y cuidadnos no se hicieron esperar al ver que pasaban los días sin que parte de sus obligaciones estatales y crediticias fueran resueltas. La congelación de las cuotas crediticias no fue automática; los recursos de retanqueo de capital de trabajo, vía Bancoldex con respaldo del 80% a través del Fondo Nacional de Garantías, no alcanzaron para todas las pymes; muchos subsidios fueron a parar en manos equivocadas y el plazo para pagar los impuestos fue insuficiente.

De esta experiencia nos quedan varias reflexiones. En primer lugar, la banca debe aprender a amar a sus clientes como el Gobierno debe aprender amar a sus contribuyentes. Cuando alguien nos da dinero, no lo maltratamos, lo abrazamos. Los colombianos tienen que sentir que la banca y el Gobierno son legítimos y justos. Cuando los impuestos y los intereses de los créditos son demasiado altos, la gente se siente agraviada y pierde la confianza.

La segunda lección que nos deja esta pandemia del COVID-19 es que debemos aprender de nuestros errores y corregirlos para hacer mejor la tarea. Decía alguien que “los errores hay que verlos como un aliado y no como un enemigo”. A mí, particularmente, me ha tocado volver a empezar de nuevo varias veces por los tropiezos cometidos en mi vida. La ventaja es que ya no arranco de cero, sino de la experiencia.

En estos momentos difíciles no hay otra opción que la de manejar juntos y solidariamente la caída de los ingresos de muchos sectores de la economía. A los que tuvieron que cerrar sus negocios hay que ayudarles a sostener parte de sus ingresos mientras volvemos a la normalidad, y a los que continúan produciendo, congelarles sus obligaciones financieras y tributarias para que puedan mantener el ritmo de sus negocios. Los tanques de oxígeno no sólo los necesitan los pacientes contagiados en las UCI, también los están requiriendo empresarios del sector productivo.

Respecto al sistema de crédito agropecuario, la cadena de errores fue peor. Es inaudito que los miembros de la Comisión Nacional de Crédito Agropecuario y Finagro hayan aprobado y otorgado en un tiempo récord de cuatro horas $10.000 millones en subsidios a unas grandes industrias que no los necesitaban. Mientras tanto, miles de agricultores no han podido iniciar sus siembras por falta de un crédito. Las estadísticas de Finagro hablan por sí solas. De $6,1 billones desembolsados al sector agroindustrial entre enero y marzo de este año, el 78% de los desembolsos se quedaron en la industria y el 22% en el campo.

Las entidades de crédito deben entender que una empresa es como un organismo vivo, donde los flujos de dinero generados por sus actividades forman un sistema sanguíneo, en el cual la financiación (como el corazón) debe actuar perfectamente si se quiere un correcto funcionamiento.

* Experto en financiamiento agropecuario.

 

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