Por: Francisco Gutiérrez Sanín

¿Apuestas grandes?

¿Qué está en juego en las elecciones locales que tendrán lugar este domingo? Al menos tres clases de apuestas diferentes.

La primera es un plebiscito nacional sobre el gobierno de Duque y la extrema derecha. El Centro Democrático (CD) irá en muchas partes en coalición. Aun así, estas elecciones significarán para él someterse al riguroso principio de realidad que supone un conteo. Por supuesto, como lo han documentado varios periodistas de primer nivel, está ya haciendo hasta para vender en las regiones. Ecos de esas maniobras se observan en los operativos del corrupto Alejandro Lyons para favorecerlo en Córdoba, en la propaganda negra del Chonto Ortiz en Cali y en otros episodios. Ya veremos cómo terminan. Lo cierto es que la suerte del CD en el territorio será un termómetro de —y tendrá efectos sobre— el gobierno de Duque.

La segunda son los programas y propuestas municipales y departamentales. Aunque atados de varias maneras a los conflictos nacionales, ellos están alimentados por sus propias lógicas que no necesariamente corresponden a las fracturas y líneas divisorias que caracterizan a aquellos. En muchas municipalidades las posiciones de los candidatos se alinean con demandas locales y no con las posiciones trazadas por las cúpulas partidistas. La lógica de alianzas —y también de relaciones con fuerzas en la semilegalidad o la ilegalidad— también varía bruscamente de región a región. Como fuere, en muchos lugares ciudadanos y actores claves sienten que las apuestas son enormes y que podrían generar efectos irreversibles. En Bogotá las cuatro campañas con un grado visible de apoyo sienten que el triunfo de los otros produciría desastres. En Medellín, los uribistas han decidido proclamar el advenimiento del petrocastrochavismo (es decir, el fin del mundo) si gana el otro candidato. Pero entre las ciudades grandes la más crispada seguramente es Cali, por las características de la campaña de Ortiz, pero también por la declaración por parte de un periódico de su decisión de impedir a toda costa que gane Ospina (advertencia: si te metes al juego como actor directamente político, después no te podrás quejar de que te traten como tal). En Cartagena está en marcha la campaña del voto en blanco ante el peligro de que gane una figura que muchos ven como la representación de las peores prácticas. Y así sucesivamente. Y si uno va al ámbito de los municipios más pequeños se encontrará también con una asombrosa cantidad de situaciones en las que diferentes figuras y sectores consideran que hay mucho en juego. Mi impresión: por lo general no se equivocan. Me perdonará el lector que insista una vez más sobre el tema, aunque esta vez desde un ángulo distinto: en tales condiciones (es decir, cuando las apuestas son tan altas, o se percibe que lo son, que el costo de perder puede resultar prohibitivo) es muy poco probable que las jeremiadas sobre la “polarización” tengan algún efecto práctico positivo. Más valdría preguntarse qué está pasando para que esa realidad y/o esa percepción estén allí.

Lo cual me lleva a la tercera apuesta: la predictibilidad. Y esta se juega en varios tableros. Primero: ¿qué tanto acertarán las encuestas? Estas mediciones son una actividad rutinaria e importante de las democracias contemporáneas, así que saber hasta dónde son una guía buena (no perfecta) de lo que ocurrirá es importante. Que yo recuerde, no hay un solo candidato que haya decidido coger a trompadas a las encuestas y que finalmente haya ganado. Pero una vez más: toca esperar y ver. Segundo: ¿será que los territorios que constituyen distritos electorales seguros para distintos partidos se mantienen como tales? Hay más preguntas, por supuesto. Pero estas elecciones están marcadas por la incertidumbre. No: los resultados de Barranquilla no lo están. Pero mi impresión es que en general el país va a las urnas este domingo con muchos temores sobre su presente y grandes preguntas sin contestar sobre su futuro.

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2019-10-25T00:00:40-05:00

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2019-10-25T09:44:10-05:00

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