Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Apuesto a que se queda

ES DIFÍCIL DILUCIDAR A QUÉ JUEGA Uribe; no se sabe, en efecto, si quiere la reelección inmediata o si le apuesta a regresar después de un período en el que él ponga a su propio sucesor, manteniéndose así en el poder; en todo caso, lo menos probable es que se quiera retirar.

Cierto es que Uribe ha sido un buen presidente: con logros en seguridad, tiene liderazgo —aunque sus ministros poco pueden gobernar—. Es frentero, tanto con sus enemigos como con los problemas. La posibilidad de cambio asusta en ese contexto, pues el temor a un futuro incierto y a la proximidad de los líderes vecinos que van de mal en peor hace pensar que es mejor malo conocido que bueno por conocer.

En la región existe una marcada tendencia a hacer referendos para quedarse en el poder. Chávez, el contradictor de Uribe, lo hará en forma indefinida pues él es un pseudo dictador y no le interesa la democracia. Aunque uno espera que Uribe sea distinto, podría seguir esa tendencia, justificándose en que de esa manera es una alternativa a esos gobiernos con tendencia hacia la izquierda y que miran geográficamente hacia el oriente (China, Irán y Rusia).

En cuanto a los sucesores posibles, ya el Presidente le dio el visto bueno a Uribito (Uribitwo o Uribi2), quien ya se lanzó. Juan Manuel Santos, aunque pertenece al Gobierno y su gestión permitió golpes militares importantes contra la guerrilla y victorias para la seguridad democrática, no es visto por Uribe como alguien de fiar, pues tiene vuelo propio; aunque le falta carisma, es el mejor y el más completo de los candidatos frente a los temas de gobierno en general. Germán Vargas pertenece a la coalición de gobierno pero Uribe ha tenido confrontaciones con él y, según se dice, en privado despotrica de él y no parece que quisiera que fuese su sucesor; Cuenta con un partido y un electorado propios, aunque sus senadores manifestaron apoyarlo siempre y cuando Uribe no se lance; lo cierto es que es el más parecido a Uribe pero entre los dos la gente prefiere a Uribe.

Marta Lucía Ramírez ha sido claramente una aliada y defensora de Uribe, pero nunca ha cuadrado en el Partido de la U, y ha manifestado su retiro de la colectividad, aunque tiene aspiraciones presidenciales. Noemí Sanín, conservadora, tiene la capacidad de estar donde está el poder y gustar de él. Uribe confía y confiaría en ella, como lo han hecho los numerosos presidentes con quienes ella ha estado, su popularidad es alta y podría ser una buena sucesora de Uribe, aunque no tiene fortalezas en los temas críticos del país. Por último está Sergio Fajardo, quien ha mostrado cierta independencia pero es cercano a los empresarios uribistas y gusta y se aprovecha de ello.

Con esta variedad de sucesores Uribe podría estar tranquilo; pero no necesariamente los que tienen más posibilidades de sucederlo tal como están las cosas hoy, Santos y Vargas, son de su pleno agrado o confianza. Así que bajo estas circunstancias creo yo que optará por quedarse en una decisión de última hora que consultará más sus intereses y su gobernabilidad que los del país.

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