Atalaya

“Aquí les pago lo que les debo”

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No cabe duda de que uno de los sectores más golpeados por la pandemia es el de bares y restaurantes. Y mientras otros sectores económicos han conocido cierta reactivación –todavía incipiente, puesto que las circunstancias han forzado a prolongar la cuarentena en distintas ciudades del país–, algunos bares y restaurantes tan sólo han podido atender a sus clientes a través de domicilios.

Lejos aún se ve el día en el que las personas puedan congregarse de nuevo en estos establecimientos para compartir y conversar al calor de un café o al vaivén de unas cervezas. Y tampoco se han oído propuestas del Gobierno nacional que ayuden a mitigar el impacto socioeconómico de un sector que genera cerca de un millón de empleos directos.

Como siempre que el Estado no puede ofrecer una respuesta, tienen que venir los particulares a buscar una solución (como suele ocurrir en los países gobernados por Estados débiles). Volcarse en masa a los cafés y a los bares no es posible puesto que la prudencia y las medidas de sanidad aconsejarán y hasta permitirán un número reducido de comensales y de amigos en cafés, bares y restaurantes. Esta solución podría servir para aliviar el triste estado de la economía en otros sectores: volcarse en masa, por ejemplo, a las librerías para comprar libros por leer y libros leídos para regalar a familiares y amigos.

Pero concurrir en masa a los restaurantes no podemos. Se puede, en cambio, hacer un cálculo generoso que ayudaría a muchos establecimientos a sobrevivir. La idea la puso en práctica un cliente de un café en España y a través de los medios de ese país me enteré yo de la noticia. Una vez abiertos los establecimientos, el cliente en cuestión volvió, pasada ya la primera cuarentena, a la mesa que solía frecuentar. Pidió la cerveza que siempre tomaba y en vez de pagar el euro con treinta que costaba o los dos euros con cincuenta que de sólito dejaba, llamó a los dueños del establecimiento y les dijo: «Como he dejado de venir 36 veces desde que comenzó el confinamiento y siempre pagaba dos con cincuenta, lo que dejé de consumir suma noventa euros». Les tendió un sobre y dijo: «Aquí les pago lo que les debo».

A decir verdad, no había en el sobre noventa euros, que correspondían a los cálculos del cliente y ahora amigo de los dueños del bar, sino cien euros, por la propina y por ayudar con la causa. Y ayudar con la causa, en estos tiempos durísimos de confinamiento y de pandemia, me parece una manera hermosa de tender una mano y de intentar salir a flote, todos juntos, como país y, más aún, como nación.

Que cada quien haga sus cuentas, que cada quien ayude, en la medida de sus posibilidades, a los dueños de la tienda de la esquina, al jardinero del conjunto, al carpintero del barrio, a su restaurante preferido... para que en un día no muy lejano, y gracias a la solidaridad de todos o a la solidaridad de algunos, podamos volver a los bares para reunirnos y para, con los nuevos amigos, volver a brindar.

Salud.

atalaya.espectador@gmail.com, @D_Zuloaga

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