Por: Gonzalo Silva Rivas

Áreas excluyentes

El 12% del territorio nacional, algo así como 12.500.000 hs, está conformado por una privilegiada red de pulmones vegetales y repartido en 56 áreas protegidas, 21 de ellas dispuestas para el servicio turístico.

Un estratégico patrimonio natural, cultural e histórico que abriga una de las mayores y reconocidas diversidades biológicas y ecosistémicas del mundo.

Es el país el segundo más biodiverso del planeta y esa condición lo candidatiza como un competitivo destino de naturaleza. Pero la realidad turística es otra. La corriente de viajeros es casi inexistente frente al inmenso potencial que encarna. Costa Rica o Ecuador, con menos hectáreas y contextos naturales protegidos, hace tiempo nos tomaron la delantera.

Los recientes anuncios de Aviatur de abandonar parcialmente el proyecto de cuatro parques que con esfuerzos intenta sacar adelante, además de comprensibles son una voz de alarma. Colombia no tiene las herramientas para sacarle partido a este regalo de la naturaleza, que hoy por hoy, ante tanta limitación excluyente, es un producto exótico, desaprovechado y con cierto tufillo elitista por las dificultades y altos costos que representa socializarlo turísticamente.

A sus endémicos problemas de infraestructura especializada y vial se suman el conflicto armado, la incursión mafiosa, las dificultades de conectividad y los riesgos ambientales visibilizados recientemente con las alertas del Volcán del Ruiz que afectan al Parque de Los Nevados, y las inundaciones y desprendimientos de tierra que han paralizado los servicios en el Amacayacu.

El sistema de zonas protegidas forma parte de esa Colombia abandonada y lejana y es administrado con las uñas, pese a la dedicación de la Dirección de Parques que promueve sus áreas turísticas potenciando las concesiones comunitarias. Adolece de serias falencias que incrementan su fragilidad, aunque la mayor flaqueza es la carencia de una accesibilidad razonable.

Aporte adecuado en transporte, infraestructura y monitoreo es la clave del éxito en Costa Rica y Ecuador, donde el estado fija políticas e impulsa el mejoramiento de los entornos mientras particulares y comunidades locales lideran las actividades ecoturísticas. Si el país pretende sacarle provecho responsable a sus áreas turísticas protegidas deberá invertirle a la infraestructura, organizar la conectividad, poner fin al conflicto y trabajar de la mano con el sector para que las ofertas de viajes estén al alcance no de unos pocos sino de cualquier turista.

gsilvarivas@gmail.com

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Gonzalo Silva Rivas

Pasar volando

La fiebre amarilla

Flotando en el aire

Cada vez más lejos

Alba y ocaso