Por: Beatriz Vanegas Athías

Argentina: al horno con papa

Desde el jueves 14 de diciembre, las cosas en Argentina están al horno con papas. El bello idioma con el que escribimos y hablamos hace que los habitantes del sur de América manifiesten que están en una situación de riesgo y de angustia, expresándolo en esta frase: “al horno con papas”. Y es que desde el 2001 no se veía en Argentina una represión tan intensa como la que se vivió el jueves 14 de diciembre y continuó ayer lunes 18.  La ministra de la Defensa, Patricia Bullrich, quien a pesar de su tendencia derechista fue “montonera” en tiempos lejanos, envió un piquete de gendarmes que inundaron la avenida 9 de julio, la plaza de Mayo y cerca al obelisco, y que, sin consideración, lanzaron gas pimienta, golpes con bolillos, agua violenta y balas de goma contra los cientos de manifestantes provenientes de todos los sectores de trabajadores que protestan contra el intento del gobierno neoliberal de Mauricio Macri de modificar el sistema previsional y el jubilatorio.

El cambio implica que los jubilados pierdan en un año 100.000 millones de pesos que desfavorecen su calidad de vida y movilidad, a través del desmonte de los “haberes jubilatorios”. La ley que cursa en el Congreso no sólo afecta a los jubilados, sino a 17 millones de personas, incluidos los que cobran la asignación universal por hijo, que es un monto que cobran las madres o familias que no tienen un trabajo. Para recibir esta asignación, las familias deben garantizar el envío de sus hijos a la escuela —que acá es gratuita en su totalidad—, el cumplimiento nutricional y de vacunación de los niños. Se trata de una ley de previsión social de alta importancia para la Argentina que se instauró durante el gobierno de Cristina Fernández.

En el interior del Congreso están a favor de la ley el PRO, los radicales, Cambiemos y un sector del peronismo federal. Se habla incluso de presiones desde el Ejecutivo para que la ley sea sancionada, pues muchos gobernadores de las provincias fueron amenazados por el Ejecutivo que si sus diputados no votaban la ley no se pagará el dinero de diciembre y “los aguinaldos” a las provincias. Los aguinaldos representan para los argentinos lo que para Colombia son las primas de Navidad. Por eso el levantamiento es un hecho, en los aeropuertos ya se siente con la cancelación de vuelos internacionales.

Argentina está al horno con papas. El retroceso en materia de asignaciones familiares, asignación universal por hijo y jubilaciones se quiere detener y, paralelo a ello, también se encuentra el desencanto popular de ver a diputados peronistas alineados a la derecha del gobierno.

Pero hay una conciencia ciudadana y social muy arraigada en los argentinos, paralela a la fuerza de la tradición militarista que los ha golpeado en su historia reciente. Hay mucha coherencia, pero también represión, porque como afirmó una de mis maestras de la Universidad Nacional de La Plata: “No es coherente que estemos aquí encerrados hablando de investigación educativa, referenciando a Bourdieu, y afuera la Argentina cayéndose por las reformas salvajes que el Congreso quiere votar. La ciudadanía no permitirá que voten la ley. Además, existe el derecho a la huelga”. Ojalá sea así, a pesar del fantasma del Fondo Monetario Internacional.

Aclaración necesaria: En mi columna de la semana pasada tuve una omisión respecto de la filmografía del admirado Rubén Mendoza quien muy gentilmente me hizo caer en cuenta del error. Copio su comentario para excusarme con él y con los lectores: “No tienes por qué saberlo, pero después de La sociedad del semáforo hice Memorias del Calavero, Tierra en la lengua, El valle sin sombras (documental), ahí sí, Señorita María, la falda de la montaña, y termino ahora Niña errante”.

 

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