Por: Iván Mejía Álvarez

Argentina

A menos de cien días del Mundial de Sudáfrica, algunos técnicos están claros y ya podrían recitar de memoria el once inicialista, salvo lesiones de última hora, mientras que otros están en la nebulosa y más llenos de dudas que de realidades.

Dunga y Vicente del Bosque, con Brasil y España, tienen el camino despejado. Saben a qué van a jugar y con quiénes lo van a conseguir. Tras los ensayos de esta semana en el día Fifa, otros adiestradores tienen que estar muy preocupados porque no encuentran la ruta y los tripulantes del vehículo.

Por ejemplo, Maradona y Argentina. El técnico ya no sabe a qué recurrir para ser la figura y el polo de atención de los medios. Su afán protagónico lo lleva a fumarse un puro gigante, mientras toma mate en pleno entrenamiento. De trabajar, dar indicaciones, parar el equipo, buscarle sociedades a Messi para que la ‘Pulga’ pueda lucir y sacar su inmenso talento, nada. Es más importante su ego, sus declaraciones altisonantes, su espíritu pendenciero.

Maradona ha dicho que quiere unir lo mejor de Bilardo y lo mejor de Menotti como piedras angulares de la filosofía de Argentina 2010. Por ahora, de Menotti nada, de Bilardo todo. En el partido contra la selección de Alemania se vio un equipo rocoso, fibroso, lleno de músculo en defensa y mediocampo, sin imaginación, chispa o talento. Un equipo totalmente ‘bilardiano’, en el estilo y en los protagonistas. Pareciera que Maradona quiere reescribir la historia del 86 creando incertidumbres, peleándose con todos, minando la moral pública pero dimensionando la confianza interna, la propuesta que le dio resultado a Bilardo en México.

El cuadro argentino le ganó a la peor Alemania de los últimos años, pero eso no puede llenar de tranquilidad a su gente. El equipo lució más ordenado en defensa y en destrucción, con aplicación de marcajes y coberturas. Dicen que los buenos equipos se construyen desde el fondo y en eso parece trabajar el técnico sureño: poblar la zona posterior y apelar a lo que pueda inventar Messi arriba.

Pero Lionel no se encuentra y no lo encuentran. Cuando se la entregan es como si le mandaran un ladrillo, se la dan cuadrada, rodeado de adversarios y en plena guerra. Y cuando por fin la recibe limpiecita, mira y no tiene con quién proponer una pared, con quién asociarse. Su ‘equipo’ juega a 40 metros de donde él está, es tal su soledad, y no tiene a su lado a Xavi , Iniesta o Dani Alves. Messi es un alma en pena en esta Argentina ‘bilardizada’.

Argentina depende de encontrarle espacios al fútbol de Messi, subiendo 20 metros la defensa, dándole más la pelota a Verón para que juegue cerca de Lionel, tratando de asociarlo en la combinación Di María-Higuaín. Todo eso, por ahora, es un simple proyecto porque todavía no se ha edificado en el trabajo diario.

La mejor frase del mes la escribió un periodista español para referirse a Maradona-Messi-Argentina: “es como si en una filarmónica al mejor violinista del mundo lo pusieran a hacer un recital de tambores”.

 

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