Por: Dolly Montoya Castaño

Armonía del quehacer universitario: garantía de la responsabilidad social de la universidad

El 22 de septiembre de 1867 se fundó la Universidad Nacional de Colombia con la finalidad de aportar desde la educación de calidad al progreso y la unidad del joven país que por entonces era Colombia. En este siglo y medio la Universidad Nacional ha graduado cerca de 350.000 profesionales, ciudadanos integrales, orientados por una conciencia ética y social que les ha permitido, en el ejercicio de su autonomía y responsabilidad, aportar a la construcción de la Nación, resaltando la diversidad de nuestra población y la riqueza de sus regiones.

En las últimas semanas, al iniciar las actividades del segundo semestre académico de 2019 en la Universidad Nacional, han ingresado a clases en nuestras nueve sedes 44.275 estudiantes de pregrado y 9.752 de posgrado. Estos jóvenes, provenientes de todos los rincones del país, de culturas diversas, con intereses diferentes y grandes sueños expresan la gran diversidad de nuestro país y la esperanza de un mejor futuro para todos como sociedad. Pero ¿cómo garantizar que aunque cursen diferentes carreras y tengan diversas extracciones sociales, económicas y culturales, todos estos jóvenes alcancen esa impronta de ciudadanos autónomos y socialmente responsables cuando, en 4 o 5 años, reciban su título profesional?

La respuesta se encuentra en la armonización de nuestro quehacer universitario, que no es estático y evoluciona permanentemente para responder a los retos y desafíos de la sociedad contemporánea. Así lo hemos hecho en estos 152 años, hemos transitado un largo camino, de una universidad de docencia, pasando por una universidad de posgrados e investigación hasta llegar en la actualidad a ser una universidad que aprende, es decir, una universidad que construye con sus docentes, estudiantes y, en general, su sociedad y que es participe del desarrollo de todo un país.

En la universidad de docencia tenemos al profesor que cuenta con la experiencia y el conocimiento, y al estudiante como un sujeto pasivo que recibe lo que el docente le comparte. En esta idea de universidad tienden a verse por separado las que se han definido como funciones misionales de una Institución de Educación Superior que son: la docencia como formación, la investigación como producción de nuevo conocimiento y  la extensión como el aprovechamiento social de las innovaciones científicas, tecnológicas y sociales que produce la universidad.      

En la universidad que aprende el docente y el estudiante, aun con experiencias y saberes distintos, son sujetos activos en la gestión del conocimiento. La gestión del conocimiento es el proceso dialógico por el cual cuestionamos lo que existe, ubicamos un problema o desarrollamos una pregunta, echando mano de herramientas como la exploración, la experimentación, la reflexión y el análisis llegamos a respuestas, soluciones o síntesis que tras una comprobación nos presenta un nuevo conocimiento, al tiempo que una nueva pregunta o problema. Esta universidad que aprende demanda ya no la separación de las funciones misionales de la institución sino su desarrollo articulado y armónico.

Cuando encontramos que en la Universidad Nacional de Colombia solo en el último año se realizaron más de 2.000 publicaciones científicas, se egresó el 52% de los doctores del sistema universitario estatal, o se realizaron 1.894 actividades de apoyo y acompañamiento a las comunidades, distribuidas en 6 macroregiones del país, se podría considerar, a primera vista, que estas son cifras que por separado dan cuenta del quehacer universitario en cada una de las funciones misionales. Sin embargo, ello ignoraría el proceso de gestión del conocimiento en medio de un ambiente rico de aprendizaje y construcción conjunta entre docentes, estudiantes y comunidades. Por ejemplo, para llegar a cualquiera de las 52 patentes de invención que hoy se encuentran vigentes en la Universidad, siempre se ha partido de una duda, una pregunta o un problema. En muchas ocasiones esa pregunta la formula un estudiante intentando explicarse los fenómenos y problemas que afrontan la comunidad y el territorio que dejó para ir a la universidad. De allí el gran valor que el 76% de los municipios del país estén representados en los estudiantes de la Universidad Nacional. En otras tantas ocasiones la pregunta surge en la misma Universidad que en sus aulas, bibliotecas, laboratorios, prados y pasillos, con sus ambientes de debate, cultura, arte y ciencia van incrementando en el estudiante, e incluso en el maestro, su conocimiento, su autonomía y, por supuesto, su responsabilidad y conciencia ante nuestra sociedad. Pues, el proceso de gestión del conocimiento solo cobra sentido cuando los resultados de la innovación social, artística, científica, técnica y tecnológica se traduce en más calidad de vida para la población.

Bajo la idea de la universidad que aprende se hace comprensible que la Universidad Nacional sea mucho más que salones de clase, de allí que contemos con 720 laboratorios y talleres especializados, 47 colecciones científicas, 44 Institutos de investigación, 20 museos, 8 centros agropecuarios, 3 clínicas de salud animal, 1 centro de rehabilitación de fauna silvestre, 1 hospital universitario, 926 grupos de investigación, entre otra infraestructura que se articula a una capacidad humana de más de 3.100 profesores, de los que el 52% cuenta con formación doctoral y el 40% con maestrías y especialidades médicas. Una capacidad institucional que se complementa y desarrolla en el fomento a las artes, el deporte, la cultura y el bienestar de nuestros más de 50.000 estudiantes, haciendo que sus propias experiencias y las que traen de sus comunidades hagan parte de este tejido formativo que hemos denominado “currículo abierto y flexible”, en el que más que las materias académicas se encuentra el conjunto de la experiencia universitaria.

Creemos que la tarea que la sociedad contemporánea demanda a sus universidades es fomentar un conjunto de experiencia universitaria que den cuenta de un currículo abierto y flexible, en donde se armoniza nuestro quehacer académico, investigativo y de proyección social.

Nuestra garantía como Universidad Nacional de Colombia, para formar profesionales altamente capacitados, seres humanos íntegros que como ciudadanos aporten a la transformación social y cultural de sus comunidades, pasa precisamente por mantener en armonía, como parte de una sola experiencia, las tareas de docencia, investigación y trabajo con las comunidades. La armonización del quehacer universitario permite impulsar, desde nuestra comunidad académica, la convivencia y el progreso social en nuestro país.

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN

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Armonía del quehacer universitario: garantía de la responsabilidad social de la universidad

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