Por: Hugo Sabogal
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Aromas y sabores de Portugal

Uno de los orígenes vitivinícolas y gastronómicos más llamativos es Portugal. Sin embargo, la oferta de etiquetas y platos lusitanos en nuestro entorno es limitada. Sus vinos muestran una variada paleta de tipos y estilos desde tiempos romanos, y su diversa y compleja cocina es el resultado de una fascinante mezcla de razas y culturas. Sin ir más lejos, sus orígenes fueron forjados por fenicios, griegos, romanos, celtas, hunos, moros y españoles.

A lo largo de su historia este país europeo ha vivido momentos de auge y decadencia. Fue zar de los mares, potencia militar y mercantil, y, a partir del siglo XVI, fuerza descubridora de inexplorados territorios en África, Asia, Australasia y América. Al desplomarse su esplendor, comenzó a ser escenario de virulentas luchas internas hasta bien entrado el siglo XX.

Estos trastornos terminaron condenándolo al atraso y al olvido. Pero nunca dejó opacar su gran tradición cultural, artística y arquitectónica. Igual que Francia, Italia y España, Portugal ha cultivado uvas y elaborado vinos desde hace más de 4.000 años, cuando los fenicios arribaron por el sur. Posteriormente, los romanos expandieron la cultura vitivinícola hacia el norte.

Tras la caída de Roma, la actividad vitivinícola sobrevivió a las invasiones bárbaras y a la ocupación árabe, gracias a la Iglesia. Hacia el siglo XV, los vinos lusitanos fueron objeto de alta demanda en Inglaterra, como resultado de las feroces luchas entre franceses y británicos. Y fueron precisamente los ingleses quienes promovieron los vinos portugueses en el resto del mundo.

Como los tintos solían estropearse en las largas travesías, los bodegueros les añadieron alcohol vínico para aumentar su longevidad. Y así, nació el Oporto. Su éxito fue descomunal y, en corto tiempo, varios negociantes ingleses se trasladaron a la zona del Duoro, en Portugal. Marcas como Taylor’s, Dow, Cockburns, Grahams y Sandeman, entre otras, son prueba de esa movida.

Además del Oporto está el el Madeira, que también goza de acogida entre muchos consumidores. En los últimos años ha comenzado a dejar huella el refrescante Vinho Verde, procedente de la denominación de origen del mismo nombre, al noroccidente del país. Sus mejores etiquetas se elaboran con la uva Alvarinho. Un poco más abajo, en el Douro (tierra del Oporto), también se producen los mejores tintos secos del territorio.

El nuevo empuje está a cargo de una asociación llamada los Duoro Boys. Algunas de sus marcas, como Niepoort, Quinta do Crasto, Quinta do Vale Dona Maria, y Quinta do Vale Meão, reciben altas calificaciones de la crítica internacional. Los Lavradores de Feitoria, constituida por otras 15 quintas o bodegas, es una segunda unión de viñateros, con resultados destacables. Otra región para tener en cuenta es Dão, en el centro del país, donde se producen tintos originales y contemporáneos, plenos de fruta madura y toques especiados.

También sobresalen denominaciones como Bairrada y Estremadura (centro-oeste) y Alentejo (centro-sur). Por lo general, todas estas renovadas casas portugueses se mantienen fieles a las variedades locales de uva como las tintas Touriga Nacional, Trincadeira, Aragonez, Touriga Franca y Alicante Bouschet (Garnacha Tintorera), y las blancas Alvarinho, Boal, Arinto, Loureiro, Trajadura y Pedernã. Este estilo ha generado un importante factor de diferenciación para los vinos portugueses en el mercado internacional. La gastronomía portuguesa se basa en pescados, mariscos y carne de cerdo.

El plato nacional más reconocido es el bacalhau, un pescado seco y salado, que puede prepararse de 365 formas distintas. Otro plato marino es la caldeirada, especie de cazuela marinera. En el mismo estilo, pero con incorporación de vegetales y otras carnes, está el cozido à portuguesa, así como el caldo verde, tipo de sopa hecha con papas, repollo y trozos de salchicha. Además de estos guisos y sopas, los portugueses comen cerdo en varias presentaciones. Una de ellas es el cochinillo o leitão assado.

Para el postre, el pudín de arroz se lleva las palmas, junto con quesos de leche de cabra como el queijo da serra, de la región de Serra da Estrela. Tampoco faltan los hojaldres y los dulces. A diferencia de Venezuela y Brasil, donde la presencia de inmigrantes portuguesa es numerosa, Colombia y el resto de países latinoamericanos tienen pocas opciones para deleitarse con los vinos y la cocina de este país ibérico. En Bogotá puede encontrarse una selección de vinos y platos tradicionales en la Casa de la Cultura Colombo-Portuguesa o Galo, en su local de Quinta Camacho, en Chapinero.

 

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