Por: Humberto de la Calle

Arranca Santos

HASTA AHORA, SANTOS HA LOGRA-do tres cosas:

Ha refutado con hechos los cánticos entonados por los Verdes en la noche de la primera vuelta electoral. Ningún ministro ha sido fruto de negociaciones oscuras con directorios políticos, a todos los nombrados se les reconocen entrenamiento académico y sabiduría política, ingredientes parejamente necesarios para desempeñarse con éxito en el gabinete y, por fin, ninguno de ellos posee el carácter marrullero precipitadamente atribuido por los Verdes a cualquiera que estuviese con Santos. Porque ni los votantes escaparon: para ellos, todos los 9 millones de votos fueron comprados. Un despropósito mayor.

En segundo lugar, ha tomado distancia de su predecesor en temas cuyo voltaje se había vuelto inmanejable. En especial, las relaciones con las Cortes, ahora nuevamente en bancarrota por los incidentes de la semana que termina. Aunque la opinión favorable a Uribe sigue altísima, no son pocos los sectores que estaban realmente fatigados por esa trifulca permanente. Se entiende el ángulo humano de la reacción presidencial, pero se sabe que una de las tragedias del gobernante es tener que soportar con un estoicismo que no se les exige a los ciudadanos de a pie. Santos y su ministro Vargas han corregido la andadura. Enhorabuena, porque es mucho lo que hay que refaccionar en el sistema judicial. Si por consenso, mejor, como lo ansía el ministro. Pero hay que dejar una puerta abierta para buscar otros mecanismos. El consenso es bienvenido, pero tampoco puede ser una fuerza que paralice el afán reformista.

En tercer lugar, es un hecho que Uribe entrega un país optimista. Pero Santos ha logrado que el cambio de gobierno no menoscabe ese clima. Si se quiere, lo ha profundizado. Y la Unidad Nacional, que algunos corrieron a criticar como una nefasta reedición del Frente Nacional (según su lenguaje), ha permitido volver a pensar en metas comunes.

De paso, es una lástima el ambiente de división que impera en el Polo Democrático. Una fuerte oposición de izquierda es necesaria. De otro modo, todo el terreno de la oposición quedaría en poder de los violentos.

Tiene Santos enormes desafíos. En la sola materia de orden público, en la cual Uribe obtuvo éxito, quedan todavía asuntos pendientes y nada fáciles de liquidar.

Ahora se ha vuelto a hablar de diálogo, a raíz del alucinante video de Alfonso Cano donde dice con desparpajo que hay que hablar de derechos humanos y derecho humanitario. Y lo dice sin temblarle la voz. El vicepresidente Garzón ha sorteado bien el asunto, sin matar la idea pero sin correr a abrir la puerta de un diálogo incondicional.

Por cierto, tiene razón monseñor Rubén Salazar. Debemos buscar la terminación de esta guerra espantosa. Pero eso de proponer un diálogo desnudo con las Farc, sin exigir que cesen primero el secuestro y demás barbaridades contra la población civil, no deja de tener un cierto saborcillo amargo. Porque viniendo la invitación de tan alta jerarquía espiritual, es como si las atrocidades de la guerrilla quedaran más o menos perdonadas sin reproche alguno.

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